¿Es CNN y no la CIA donde se informa el presidente de Estados Unidos?

Después de 83 días de su gobierno se le conocen muchos tuits, demasiadas críticas a su antecesor y algunas derrotas en el Senado. Pero la pregunta que flota sobre el planeta es: ¿quién es Donald Trump?

Si Trump recibió un shock de sensibilización al ver imágenes apocalípticas de la comunidad siria Jan Shijún después de haber sido gaseada con sarín el pasado martes, entonces Estados Unidos y el mundo estamos en problemas. Y no se trata de ser indolente con el dolor del ser humano, en realidad es una preocupación que nace por la montaña rusa en la que viajan las decisiones estratégicas del presidente de Estados Unidos.

En agosto del 2013, Trump supo que 1,400 civiles murieron gaseados en las afueras de Damasco y no se conmocionó. Por el contrario, recomendó a Obama que lo mejor era no entrar en guerra con Siria. No ganamos nada y sólo nos ocurrirán cosas malas , tuiteó desde su playa aterciopelada en Mar-a-Lago.

Cuatro años después, Rex Tillerson y Nikki Haley enviaban señales en el mismo sentido de las palabras del empresario. El destino de Bashar al Assad lo decidirán los ciudadanos sirios. Sí, el secretario de Estado y la embajadora ante Naciones Unidas veían hasta la semana pasada un piso firme en el país de Al Assad, aunque los números esbozan un Estado fallido: de los 22 millones de habitantes, 50% se encuentran desplazados o refugiados y 1%, muertos.

Desde que Trump se encontraba en su torre neoyorquina, los servicios de inteligencia le pasaban reportes sobre las cotidianas confrontaciones entre sunitas y chiitas; sobre el malestar de los kurdos no sólo en la Turquía del autócrata Erdogan, sino también los de Irak (quienes, por cierto, piden a gritos su independencia por su hartazgo de las confrontaciones entre chiitas y sunitas). Trump recibía documentos de la CIA sobre los movimientos de Arabia Saudita en Yemen y de Israel en Siria; sobre el golpista egipcio Al Sisi y su intolerancia a los residuos políticos de la Hermandad Musulmana. Trump sabía que la presencia del Estado Islámico en Siria representó un tanque de oxígeno para Al Assad, quien de manera inesperada recibió una mano amiga del francés Hollande (a través de Putin) horas después de los ataques a las terrazas parisinas. El impasse perfecto para el presidente sirio. O qué decir de una nueva mutación de Erdogan. Convertido en una especie de sultán, el turco hizo alianza con Rusia después del intento de golpe de Estado que sufrió o se auto infringió en julio del año pasado.

Pero el presidente electo Trump se daba el lujo de triturar información y de declararle la guerra a las agencias de Inteligencia. Ya basta de filtraciones , decía.

Trump tuvo tiempo de estigmatizar el mundo para sacar a su país del liderazgo global bajo el lema etnocéntrico Make America Great Again . Que CNN se encargue de observar al mundo para que, en función de las escenas, el presidente de Estados Unidos tome decisiones.

En efecto, no se puede cuestionar el bombardeo a Siria en respuesta al ataque con gas sarín, lo que sí es preocupante es la velocidad a la que viajan las emociones de Trump. El viaje de Tillerson a Moscú va sobrecargado de expectativas.

¿Quién es Donald Trump?