Comenzamos a aumentar nuestra tristeza al saber el creciente número de muertos, aún más al observar a los lustradores de calzado, peyorativamente llamados boleros, en el pico de contagio, en las calles con sus esposas e hijos al lado, todos sin cubrebocas. El historiador Lorenzo Meyer comentó en El Universal con relación al escrito de Lasch sobre “la falta de empatía de las élites” para responder a las necesidades de las masas y verlas como responsables en debilitar a la figura del Estado, ese tipo ruso o chino con sistemas de salud y educación perfectos que sólo ellos conocen. Esa ansia por ver de vuelta al Estado igualmente ansioso de repartir la riqueza que el mismo es incapaz de apoyar en su creación. En este momento de angustia y muerte, Meyer publica este artículo para contraponerlo con lo que hace años escribió Ortega y Gasset con relación a la rebelión de las masas. En este momento no estamos para eso. Me cuesta trabajo asimilar como élite a los alumnos del Tec de Monterrey, Ibero, UP o pensar que cualquiera que estudia la universidad en el Colmex, ITAM, CIDE, la UNAM o el IPN son una élite. Pretender etiquetar a los jóvenes universitarios como élite es tan insultante como decirles a las personas en pobreza, miserables. Cuánta empatía de la que hablaba el padre de la economía, Adam Smith, nos hace falta en este tiempo.

A estas alturas, volver por enésima vez a la lucha de clases es esquizofrénico, hacerlo en plena crisis económica y de salud es de baja calidad humana; eso es lo que están haciendo buena parte de la clase política y algunas empresas y cúpulas empresariales, que no son lo mismo que millones de empresarios. La angustia que tiene la nación entera sobre su futuro no merece el espectáculo que vemos en la cuarentena. No es cierto que los empresarios vean en primer lugar por sus empleados, como jamás ha sido cierto que los gobernantes vean por el pueblo. Es el capital y el poder lo que buscan. En la historia de la humanidad, es difícil encontrar ejemplos de lo contrario. En plena pandemia, el expresidente Felipe Calderón como si fuera Churchill, publica un libro de cientos de páginas sobre sus “decisiones”, olvidándose que, por hacerle la tarea a EU, nos dejó una herencia de muerte. El partido gobernante aprovecha para seguir acosando a la clase media (50% de la población), con revisar sus casas para ver lo que tienen, olvidándose que las mayores riquezas están fuera de México, en las cuentas de los políticos. ¿Es éste el momento oportuno?

El otro lado hace su parte, banco BASE pronostica el dólar a 29 pesos para diciembre. Sugiriendo la falta de acción del gobierno, el banco español BBVA nos dice que habrá 13 millones de pobres en México; es cierta la poca acción del gobierno para reactivar la economía, pero exagerado el dato de pobreza y tipo de cambio. No habrá reactivación en forma de “V” como tampoco habrá “curva aplanada”, pues no somos Alemania y las curvas no son aplanadas, empero, tampoco va a haber una apocalipsis por culpa del presidente Andrés Manuel López Obrador, y si la hubiera será por las cúpulas y los políticos que no están a la altura del dolor que vivimos.

Carlos Alberto Martínez

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC de Monterrey. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaria de Hacienda, la presidencia de la República y en Washington, DC. Actualmente estudia el doctorado en Filosofía con investigaciones en el campo de la ética y la economía. Autor de libros en historia económica, regulación financiera y políticas públicas