Carstens podría preguntar a los partidos qué harían para mantener la inflación baja que registra la economía mexicana y cómo reactivar la economía.

Durante algún tiempo el tema central en Estados Unidos eran las relaciones extramaritales del Presidente Bill Clinton y sus aventuras en el Salón Oval de la Casa Blanca.

El público estadounidense seguía paso a paso el proceso judicial en contra del Mandatario, con detalles tan personales como el uso de los puros presidenciales o las manchas del vestido azul.

Pero eran tiempos, aquellos de mediados de los años 90, en que la economía estadounidense crecía a tasas elevadas, las cuentas fiscales mostraban un superávit y los precios transitaban con incrementos bajos.

Esto es: no había nada más importante que hacer que meterse en la bragueta presidencial. Claro que después del 11 de septiembre del 2001, y en adelante, toda la historia cambió.

En el caso de México, la verdad es que no estamos en una situación tan holgada como para andar montando numeritos histriónicos como la mentada Mesa de la verdad.

La pantomima bipartidista montada ayer en el Estado de México es una enorme pérdida de tiempo, cuando el verdadero debate no está en que si Peña Nieto cumplió como Gobernador uno u otro tramo de una calle.

La Mesa de la verdad, que debería concitar quizá a los mismos actores que ayer se tomaron la molestia de ir a Tlalnepantla, debería centrarse en debatir los auténticos temas de relevancia nacional.

No es importante si confunden el compromiso 127 con el 130 o si el puente es el de Vigas o el de las Armas, no son candidatos a presidentes municipales, son partidos políticos defendiendo a supuestos aspirantes a estadistas.

El penoso episodio de ayer es tan sólo una probada del resto de la campaña y de los debates que están por venir. Un ejercicio de ataques en todas direcciones y con simples enumeraciones de las buenas intenciones que ahora se prometen en campaña.

Una buena Mesa de la verdad económica de México debería tener como moderador a Agustín Carstens, gobernador del Banco de México, que cuestione a los equipos de campaña o, mejor aún, a los mismos candidatos sobre los problemas actuales de la economía.

Podría Carstens preguntar a los partidos qué harían para mantener la inflación históricamente baja que registra la economía mexicana y cómo hacerle para que el bajo crecimiento de 3.5% esperado para este año pudiera aumentar en los años por venir.

Y en el momento en que empezaran con sus vaguedades de es que voy a crear empleos; es que voy a hacer una reforma fiscal; es que voy a construir cinco refinerías , los expertos les pusieran un alto y les preguntaran cómo le van a hacer para cumplir.

Otra Mesa de la verdad podría reunir a los mismos histriones que ayer hicieron su show a media calle con expertos en materia de seguridad. Todos esos expertos que se cansan de opinar en los medios de comunicación y que son escuchados por todos, menos por los que toman decisiones.

Ahí, en algún lugar más -¿cómo que a la intemperie y estorbando el tráfico?- podrían debatir en serio estrategias para terminar con la inseguridad propiciada por el crimen organizado. Un ejercicio no demagogo como el que montan los cuatro candidatos debería agrupar en una misma mesa de diálogo a los aspirantes a ser líderes de sus bancadas durante la siguiente Legislatura para definir qué harían para destrabar la parálisis que ha afectado al Congreso por más de 15 años.

La de ayer fue una mesa vulgar, ramplona, pedestre, una burla, una guasa. El chacoteo de los partidos políticos, que lo que buscan es simple y sencillamente, ganar el poder. Y ésa sí es la verdad.

La primera piedra

Una empresa de éxito aprovecha las coyunturas económicas complicadas para tomar decisiones estratégicas.

En el sector automotriz, un caso de éxito es Audi, la división de autos de alta gama de Volkswagen, que entre las decisiones recientes está abrir una planta en México hacia el 2015.

De esta forma, se ubica en una plataforma de lanzamiento para América del Norte, con mano de obra calificada y económica para los estándares europeos. Otra buena decisión es comprar activos, como la empresa italiana de motocicletas Ducati.