La noticia de que restaurantes ganadores de estrellas Michelin y los mejores clasificados del mundo cierran es para muchas personas un hecho que sorprende. Analizamos por qué en un mundo tan competido algunos de los mejores chefs del mundo deciden cerrar sus restaurantes.

Tener objetivos precisos sobre la realización y el éxito personal es una de las ideologías más preponderantes del siglo XXI. Filósofos e historiadores debaten sobre esa necesidad de llegar a un punto clímax del éxito que los seres humanos hemos construido como un punto de realización personal. En otras épocas, los objetivos de vida estaban relacionados con la subsistencia, el evitar enfermedades y reproducirse. Las exigencias de la época contemporánea han hecho que cada vez más las metas trazadas se basen en el reconocimiento masivo. En el ámbito gastronómico, para los chefs, estén o no de acuerdo con los criterios de selección, el hecho de tener estrellas Michelin o salir en las listas de los mejores restaurantes del mundo representa un arma de doble filo.

En primera, porque el llegar a obtener estos reconocimientos los pone en el panorama mundial y bajo un escrutinio del ojo público más exhaustivo. Pero también, aunque muchos se quisieran desmarcar de estos sistemas de premiación, es una realidad que estos reconocimientos no se pueden ignorar. Lo paradójico viene ante las altas expectativas que generan sus creaciones y el estatus de celebridad mundial que ponen presión sobre su vida personal, pero también sobre su libertad de creación e innovación culinaria.

La carrera de chef de cocina es uno de los trabajos más estresantes en el mundo profesional. Las largas jornadas de trabajo, las altas demandas físicas y la constante presión son factores conocidos y estudiados por las ciencias sociales, cuando llamaba la atención el número de adicciones y enfermedades de salud mental que existe entre los chefs. Aunado a eso, la presión que genera un reconocimiento mundial (sea esté buscando expresamente o no) incide directamente sobre la libertad con la que un chef puede crear.

Hay algunos otros casos, en los que un restaurante puede ser rutinario y a la vez representar una camisa de fuerza para las aspiraciones de investigación que los chefs quieren emprender más allá de un negocio. Se dice incluso en el medio gastronómico que algunos de los restaurantes que crean una leyenda detrás de sí mismos son los que han cerrado en el pináculo de su historia. En este caso, se cumple aquella premisa de que hay que saber retirarse en la cima y no cuando comienza la decadencia.

La presión de tener un restaurante funcionando diariamente como reloj, sabiendo que las reservaciones de comensales en algunos casos se agotan con hasta seis meses de anticipación, es para muchos una experiencia agotadora. Un restaurante galardonado al final es un servicio que está prometiendo una experiencia fuera de lo común. Un comensal ávido de nuevas experiencias en un mundo que ofrece una alta variedad de estímulos por todos lados es cada vez más difícil de sorprender. En este sentido, las propuestas extravagantes, pero también aquellas que vuelven a los básicos, tienen éxito en función del público.

Aunque los galardones gastronómicos son vistos como signos de prestigio, las consecuencias que éstos generan tienen a veces repercusiones negativas en la vida personal, y también en la evolución profesional de los chefs que son encumbrados.