Las dos coaliciones que competirán por la mayoría en la Cámara de Diputados están claramente definidas. Por un lado, PAN, PRI y PRD, la alianza opositora, registraron ante el INE una coalición parcial bajo el nombre de Va por México. Se pusieron de acuerdo en presentar candidaturas comunes en 171 de los 300 distritos federales. Por otro lado, Morena, PT y PVEM, el bloque obradorista, conformaron otra coalición parcial denominada Juntos Hacemos Historia. Ellos contenderán unidos en 151 distritos federales.

Los partidos políticos tuvieron enfrente tres opciones que les da la ley electoral: la coalición flexible, la parcial y la total. La primera les obligaba a presentar candidaturas comunes en un mínimo de 75 distritos, la segunda en al menos 150 y la tercera en los 300. La ley electoral inhibe la formación de coaliciones totales, pues implica una reducción en tiempos de radio y TV, al tratarlas como si fueran un solo partido político. La coalición parcial permite a los partidos conservar la totalidad de los spots a los que tienen derecho de forma separada.

Si bien queda claro por qué optaron por una coalición parcial, la selección de distritos y su reparto entre los partidos coaligados tiene una lógica menos evidente. La ley electoral obliga a definir al partido postulante en cada distrito, con el fin de aplicar los límites constitucionales a la sobre representación, al momento de repartir las diputaciones de representación proporcional.

Dado que el objetivo es maximizar el número de los distritos ganados mediante la suma de los votos de los partidos coaligados, uno esperaría que las coaliciones seleccionaran aquellos distritos donde la unión de fuerzas hace la diferencia. Las coaliciones parciales deberían dar prioridad a los distritos competidos, donde ir en alianza mejora las posibilidades de retenerlos o ganarlos, según el caso.

Sin embargo, de acuerdo con los datos de la elección de 2018, ambas coaliciones seleccionaron distritos con una mezcla de criterios. PAN, PRI y PRD tenían al menos 92 distritos altamente competitivos, en los que ir en coalición podría darle la vuelta al resultado. Solo seleccionaron a 56 de ellos.

Los otros 36, en los que cada uno va por su cuenta, caen en estados como Tamaulipas, Chihuahua, Nuevo León, Guanajuato y Yucatán, donde el PAN local bloqueó a la alianza opositora. Calcularon que al PAN le alcanza para enfrentar solo a la 4T. Quizás tienen datos más recientes y confiables, pero los resultados de 2018 no avalan la decisión.

Por otro lado, 56 distritos seleccionados por la coalición Va por México, casi un tercio, son de competitividad extremadamente baja. Desde luego, ahí era más fácil ponerse de acuerdo, pero precisamente por las raquíticas probabilidades de triunfo. Una mención especial merece Jalisco, cuyos distritos quedaron fuera de la alianza opositora, quizás como deferencia al partido MC.

En la coalición Juntos Hacemos Historia imperó una lógica distinta. En 67 de los 151 distritos seleccionados (44 %), Morena ganó con comodidad en 2018. De estos, le entrega 24 al PT y 11 al PVEM. No es generosidad, sino el uso probable de sus socios de coalición como partidos nodriza. Factura las candidaturas a nombre del PT y PVEM, pero en realidad son de Morena. Así puede conseguir más diputados plurinominales y evadir el tope a la sobre representación.

En suma, la selección de distritos y su reparto al interior de las coaliciones muestra, por un lado, a una oposición dividida, que enfrenta grandes dificultades de coordinación. Por otro, revela el ánimo de concentración de poder en el partido gobernante, por encima de los límites establecidos en la Constitución.

*Profesor del CIDE.

Twitter: @BenitoNacif

Benito Nacif

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El Dr. Benito Nacif es profesor de la División de Estudios Políticos del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Fue Consejero Electoral del Instituto Nacional Electoral (INE) del 2014 al 2020 y del Instituto Federal Electoral (IFE) del 2008 al 2014.

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