Teotihualmart, topónimo de origen náhuatl cruzado con el inglés, significa: lugar donde los dioses van de compras , fue un centro comercial fundado durante la decadencia mexica; algunos historiadores lo confunden con el Chac Mall creado por los mayas para vender sus curiosidades a los visitantes que vinieran a presenciar el fin del mundo; y, otros con el Dragon Mart, cuyo significado puede interpretarse como cuando los chinos nos alcancen o nos cojan . Ésta es su leyenda:

En busca de drogas para meterse en su incontenible compulsión por las sustancias que alteraran la percepción de la realidad, que nos les gustaba porque contrastaba con la que Hollywood les vendía, Pepsicóatl y Cocacóatl, hijas del Tío Sam, primas de Quetzalcóatl, dieron con un lugar donde, además de la abundancia de hierbitas vaciladoras -datura, cañamón, humito, hongos y peyote, y polvo mágico, caspa de Tezcatlipoca madre, progenitora de los dioses malos-, todo podía hacerse: introducir armas por el norte, que para ellas era el sur; comprar y/o rentar funcionarios -todos o en parte-; piratear, atracar, traficar -seres humanos e influencias- por supuesto que de manera impune, en fin, usted dirá cómo nos arreglamos , ahí lo dejo a su criterio .

Las primas de Quetzalcóatl le metieron al hongo y a la cactácea que hace que los ojos se maravillen y luego se forjaron un chuby; disfrutándolo estaban cuando vieron una serpiente sobre un nopal devorándose a un águila o al revés, dejándosela caer, no se acordaron bien.

Pero aseguraron que los dos animales -uno se arrastra y el otro vuela- se retrataron en el dinero y éste se lavaba y alababa. ¡Alabado sea el Magnifico, Señor de las Alturas, llenos están los cielos y los bancos de su gloria!

El chuby se hizo bacha. Pepsicóatl y Cocacóatl, bien pachecas, se quedaron viendo fijamente al nopal y de éste, en lugar de tunas, brotaron unas flores que no se daban por estas desérticas tierras: eran rosas rojas. El último dato indica que las hermanas, que estaban puestas por los alcaloides, no pudieron ponerse de acuerdo en el color de las flores. Sí en su textura y apariencia: En sus corolas fragantes, el rocío de la noche semejaba perlas preciosas . Una luz extraña lo iluminaba todo y se escuchaba música que parecía el gorjeo de miles de pájaros.

Cesó la música y se escuchó una dulce voz procedente de lo alto de la colina, llamándolas: Hello, darlings . Ellas subieron el monte presurosas y al llegar a la cumbre vieron, en medio del arco iris, a la Contaminada Señora del Comercio, hermana de Mercurio, en Roma, y de Hermes, en Grecia, dioses de los ladrones y los mentirosos.

El look de la Señora, producto de tres cirugías y una liposucción, la hacía atractiva pues semejaba una Barbie con la carita feliz que llenó de gozo infinito el corazón de las toxicómanas y más cuando ella les habló. Les dijo que ella era capaz de vender a su madre y no entregarla y les reveló su deseo más vehemente: tener una tienda de autoservicio junto a las pirámides del Sol y de la Luna para con esto significar el nuevo orden mundial y la economía de mercado.

Y para realizar lo que mi clemencia pretende -les dijo la Señora-irán a la oficina del Director del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), le dirán que yo las envío a manifestar mi voluntad de lo mucho que deseo se construya una Bodega Aurrera lo más cerca posible de las pirámides. Le contarán cuánto han visto y admirado. Tengan por seguro que les agradeceré bien y lo pagaré porque las recompensaré el trabajo y fatiga con que van a procurar lo que les encomiendo. Nunca les faltarán hierbajos y polvajos que llevarse al cuerpo. Ya han oído mi mandato, hijas mías, la más pequeñas y atascadas, pongan todo su esfuerzo .

Pepsicóatl y Cocacóatl se inclinaron ante ella y le dijeron: Señora nuestra, vamos a cumplir tu mandato. Nos despedimos de ti, nosotras, tus humildes siervas .

Cuando las hermanas llegaron a la Dirección del INAH, le dijeron a su Director todo lo que la Señora del Comercio les había dicho. Pero el Director parecía dudar de las palabras de las hermanas. Les pidió que regresaran otro día y les recomendó ponerse gotas en sus ojos rojos -¿o eran rosas?

Las otras apariciones

Ese mismo día, las adictas consanguíneas regresaron a la cumbre de la colina no sin antes meterse unas tachas que conectaron en Tepis. La Señora las estaba esperando. Con lágrimas de tristeza, le contaron cómo habían fracasado. Ella les pidió volver a ver al Director al día siguiente y les dio unas colas de borrego para que se las fumaran y perico para que se enharinaran las chatas.

Esta vez, Pepsicóatl y Cocacóatl tuvieron mejor suerte, cuando llegaron al INHA el Director ya las esperaba acompañado del alcalde de San Juan, Memo Rodríguez, y un señor de apellido Ramírez que luego sería Gobernador de Cuauhnauhuac -toponimia que significa: en donde el narco se pone con su cuerno . Los personajes las escucharon y les pidieron una señal de La Ñora.

Las carnalas regresaron a la cumbre, donde se habían quedado de ver con La Señora a la que llamaban ya, cariñosamente, doña Shopping, y le dieron el recado. Ella les prometió darles una señal al día siguiente en la mañana y otra dotación de drogas, canasta básica: mezcal, cocaína y mota. Las hermanas se fueron felices por la promesa y hasta una porra le echaron a la Señora del Comercio: Mezcal, cocaína y mota; mezcal, cocaína y mota, a doña Shopping se le respota .

Al otro día, las hijas del Tío Sam no acudieron a la cita porque éste se encontraba enfermo -depresión, precipicio fiscal y masacres: síntomas de su decadencia-. Impulsadas por las ansias de atacarse con las sustancias prometidas, dejaron al enfermo y buscaron a la doña, quien por la ladera del cerro salió a su encuentro. Les dio lo prometido para su consumo y les hizo cortar las flores del nopal con espinas -el nopal y las flores que eran rosas rojas-. En vista de que no se ponían de acuerdo con el color de éstas, La Señora las acomodó en una tilma que las hermanas se llevaron al tiempo que les decía: Hijas mías, las más pequeñas y viciosas, aquí tienen la señal para el Director y sus amigos. Les dirán en mi nombre que vean en ella la voluntad que ellos tienen que cumplir. Ustedes son mis embajadoras, muy dignas de mi confianza. Les ordeno que sólo delante del Director y sus acompañantes desplieguen la tilma y descubran lo que llevan .

Cuando Pepsicóatl y Cocacóatl estuvieron ante el Director y las otras dos personas, les contaron los detalles de la cuarta aparición de doña Shopping, abrieron la tilma para mostrarles las flores, las cuales cayeron al suelo. En ese instante, ante la inmensa sorpresa del Director y sus compañeros, en el manto aparecieron cientos de miles de billetes verdes -se ha llegado a decir que hasta 24 millones- con la leyenda: ‘In God we trust’ .

La fiesta inolvidable

En mi columna del viernes, hablé de una gran fiesta a la que asistimos sólo personas de la tercera edad. Uno de los asistentes, Óscar Luis Ascencio, me mandó desde León, Guanajuato, algunas impresiones del festejo:

La conversación se puso buena. Todas las frases comenzaban con: ¿Te acuerdas? ¿Tú estabas el día que...? El que no está bien es... ¿Supiste quién se murió? Acá tengo una foto de mis nietas. Ni te molestes en enseñármela, sin mis lentes no veo nada.

Para tranquilidad de todos, nos informaron por micrófono que una ambulancia hacía guardia frente a la puerta del salón. Por el mismo sonido, nos avisaron que la señora Raquelita no encontraba su mesa y que estaba en la cabina para que fueran por ella.

A las 11 de la noche, nos tomaron la presión. Un enfermero atendía -sin costo- a los que se sofocaban bailando. Un cardiólogo, previamente contratado, bajaba la presión con pastillas sublinguales. Por suerte, no se utilizó el aparato para electrocardiogramas ni tampoco el DEA (Desfibrilador Externo Automático).

Te escribo desde el baño. Se me olvidó el lugar donde está mi mesa. Mi mujer no contesta el celular, está sorda.