Son varios los factores que impedirán que la economía mexicana pueda recuperarse con el mismo ritmo que se anticipa para un buen número de países. Digo lo anterior porque mientras que para casi todo el mundo, en el 2021 se espera que se recupere gran parte del terreno perdido en este 2020, casi todos los analistas o instituciones que realizan estimaciones sobre la evolución de la economía nos anuncian que el PIB de México recuperará alrededor de un tercio de lo que se habría perdido en este año tan complicado, o en el mejor de los casos, apenas la mitad. Así por ejemplo, la más reciente proyección de Citibanamex arroja que en 2020 la economía mexicana sufrirá un descalabro o caída de 11.2% en forma anual, mientras que para 2021, prevé que el PIB crecerá solo 4.1 por ciento. De hecho, las proyecciones de Citibanamex indican lo que ya habíamos anticipado en este espacio en diversas entregas previas: al cierre del sexenio del presidente López Obrador, el valor del PIB seguirá por debajo del valor que tenía, medido en pesos constantes, que cuando asumió el cargo. Por eso ya no le gusta este indicador, porque seguramente ya le demostraron, seguramente diversas voces, que no hay forma que pueda lograr ni siquiera un ligero crecimiento en los seis años.

Ahora, ¿por qué la recuperación de México será mucho más lenta que la de otros países? Por varias razones. La principal, por el escenario de incertidumbre que la actual administración ha venido construyendo, que en un tiempo relativamente corto les ha dado un golpe de realidad: el comportamiento de la inversión se ha deteriorado a niveles no vistos en décadas. En segundo lugar, por la ausencia de una política fiscal claramente definida para permitir que no solo un número razonable de hogares pudiera hacer frente a los efectos de la pandemia, sino también un número importante de pequeñas y medianas empresas estuvieran en condiciones de hacerlo. En tercer lugar, por que la gran apuesta del gobierno de México, el T-MEC, no podrá ser el motor al que la 4T está encomendándose, particularmente porque la economía de Estados Unidos aún enfrenta también un escenario de incertidumbre sobre el momento en que iniciará una franca recuperación, sobre todo con complejo panorama que perfila el rebrote del Covid-19 en diversas latitudes del territorio estadounidense. Es decir, si bien en su momento el comercio exterior ayudará a levantar la economía, aún es muy temprano para pensar que pronto jalará con gran ímpetu al resto de la economía. En cuarto lugar, podemos citar la debilidad en las finanzas públicas que están enfocadas a financiar tres o cuatro proyectos que ya se ha dicho hasta el cansancio, ni siquiera servirán para incrustar a México en una ruta de desarrollo más acelerada.  

Así, a pesar del pretendido optimismo que está caracterizando a la administración del presidente López Obrador, todas las variables clave muestran un claro deterioro y un panorama muy complicado. La pregunta central para todos los mexicanos es ¿seguirán dispuestos a seguir confiando su bienestar futuro, el de sus hijos y generaciones por venir, a un proyecto que ya demostró que solo se guía por ocurrencias y que no tiene una idea clara de cómo sacar a México del hoyo en el que lo hundió muy pronto?

*El autor es economista.