La irrupción de las movilizaciones de estudiantes de varias universidades privadas y públicas del país se ha convertido en el elemento inesperado del actual momento político que vivimos. Un momento signado por unas campañas que aparentemente ya tenían el guión escrito: un candidato puntero que iba a cuidarse de los golpes de sus adversarios perredistas y panistas, cuidando su imagen para evitar ser despeinado.

Pero las movilizaciones estudiantiles que han emergido en este país, la que nació entre estudiantes de la Ibero y que se convirtió en el movimiento #YoSoy132, y la que se agrupó a partir de la convocatoria a la marcha anti Peña Nieto, han logrado lo que no consiguieron las costosas campañas de contraste de Josefina Vázquez Mota, ni el discurso anti-mafia del país de la campaña de Andrés Manuel López Obrador: despeinar a Peña Nieto.

El resultado electoral sigue estando en un terreno de incertidumbre, pero de lo que ya no hay duda es que las movilizaciones estudiantiles han trastornado el escenario que se tenía hasta antes de la asistencia del candidato priista a la Universidad Iberoamericana.

La irrupción del movimiento #YoSoy132 ha sido saludada con entendible entusiasmo, aunque a veces un tanto excedido, como si se tratara de la primera movilización juvenil en el país. Basta repasar algunos pasajes de la historia política mexicana para que confirmar que los contingentes juveniles han estado permanentemente movilizados o expresándose, ya sea en 1968, en 1971, en los grupos guerrilleros de los 70’s, en los movimientos populares de los 80’s, en las huelgas universitarias de todo el país, en la poderosa contracultura juvenil de los barrios populares, en la permanente organización juvenil en contra de las razzias y las represión policial.

Apenas el pasado 12 de diciembre perdieron la vida dos estudiantes normalistas de Ayotzinapa, Guerrero.

Sobre el movimiento #YoSoy132 pesan ciertas interrogantes. A estas alturas parece que se ha despejado del todo la idea que manejaron inicialmente los jerarcas priistas de que era una movilización manipulada. El video #YoSoy132, que tuvo una vigorosa difusión viral, despejó cualquier duda sobre la autenticidad de los sujetos que participan en esta movilización.

La siguiente interrogante que se ha planteado es si el movimiento emergente está respaldo o apoyado por algún partido. En sus discursos, manifiestos y declaraciones a los medios han insistido que no, sin embargo, por la vía de los hechos este movimiento se ha convertido en una poderosa fuerza en contra del PRI y su candidato Peña Nieto; por consiguiente, puede ayudar a los candidatos opositores al tricolor: López Obrador o Josefina Vázquez Mota.

Muchos han calificado a las movilizaciones estudiantiles-juveniles como la primavera mexicana . Es decir, en el equivalente mexicano de la primavera árabe, los indignados españoles y el movimiento estadounidense de Occupy Wall Street.

Es obvio que hay ciertas semejanzas, como la composición juvenil-estudiantil y el énfasis que se hace en la comunicación vía redes sociales. Pero al mismo tiempo hay diferencias fundamentales. Observo dos muy relevantes: el contenido de las protestas y las formas de hacer política. El principal contenido de las movilizaciones mundiales es su crítica central al sistema capitalista. En España desde los orígenes del M-15, especialmente a partir de la plataforma Jóvenes Sin Futuro, se ha hecho una fuerte crítica a las corporaciones, la supeditación de los gobiernos a los poderes económicos, y la priorización del lucro sobre la solidaridad social. En Estados Unidos el lema central del movimiento, somos 99 por ciento contra el 1 por ciento , es por demás emblemático de la crítica en contra de los poderes establecidos. Las movilizaciones en los países árabes eran igual de radicales y arriesgadas (en Egipto más de mil personas perdieron la vida durante la insurgencia de enero-febrero de 2011). En Chile, el movimiento estudiantil ha puesto en el centro de su crítica el modelo educativo supeditado a los intereses particulares y ha exigido una reforma que priorice el interés público sobre el empresarial.

En actual movimiento mexicano no ha asumido un contenido político antisistémico y ya sea por los sujetos que lo componen, por la coyuntura en la que emerge o por los intereses en juego, el #YoSoy132 ha quedado inmerso en la lógica electoral y mediática: su demanda central es la democratización de la información y que no llegue un candidato a la presidencia (Peña Nieto), como si los demás garantizaran que no habría represión y corrupción.

La propia demanda supedita este movimiento al terreno y tiempo de los partidos y candidatos, cuando otras demandas podrían darle su propio espacio y temporalidad.

La otra diferencia del movimiento mexicano con los indignados mundiales, tiene que ver con las formas de hacer política. Existe, como se ha visto, el uso creativo de Internet, las redes sociales, la distribución de información viral, la creatividad en lemas y representaciones teatrales, pero no ha apostado por una forma de hacer política radicalmente distinta a las formas partidarias que existen en el país, como sí se ha hecho en las movilizaciones en el mundo árabe, europeo y estadounidense.

La ocupación de plazas y la asamblea general como forma central de organización y expresión, han estado ausentes del movimiento #YoSoy132. Eso ha propiciado la repetición de algunos voceros que corren el riesgo de asumirse como representantes y dirigentes de todos los sujetos movilizados. Ni en la plaza Tahir de El Cairo, ni en Puerta del Sol en Madrid, ni en el parque Zuccotti de Nueva York emergieron dirigentes. Desde el inicio se apostó por formas de organización horizontales, de democracia directa, respetuosas de todas las iniciativas que han permitido evitar la aparición de liderazgos convertidos en dirigentes que corren el riesgo de ser reprimidos o cooptados.

El movimiento #YoSoy132 ha tenido el mérito de despertar a un sector de los jóvenes mexicanos que había usado las redes sociales para fines mayoritariamente privados y de esparcimiento, pero ahora han convertido a Facebook y Twitter en una ágora en la que debaten el país. Creo que podemos decir con propiedad que se trata de la primera irrupción de la república tuitera, es decir, de un sector de la población cercano al 30 por ciento con acceso a Internet y acostumbrados al uso cotidiano de las redes sociales. Aunque parezca poco, es mucho y es saludable.

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