Los relevos de gobierno siempre tienen una etapa de transición que se ve reflejada en un vacío de poder que es ocupado por los factores reales de poder, entre los que por supuesto se encuentra el crimen organizado, que comienza a ocupar territorios en los que no había hecho su aparición hasta hace unas cuantas semanas.

En efecto, conforme las dependencias federales encargadas de las áreas de seguridad pública y justicia se ocupan, cada vez con mayor intensidad, de la tortuosa entrega-recepción y de poner en orden una casa que será revisada con ojo crítico y dedican a ello su tiempo, atención y recursos, los grupos delincuenciales intensifican sus operaciones ilícitas y la disputa por territorios estratégicos por su posición geográfica y potencial como mercado de distribución.

Así, tanto los gobiernos como la población del Distrito Federal y del Estado de México ven con preocupación actos delincuenciales que son la punta de un iceberg de dimensiones insospechadas.

La irrupción repentina del crimen organizado ha provocado una honda preocupación tanto en Miguel Ángel Mancera como en Eruviel Ávila, jefe de gobierno electo del Distrito Federal y gobernador del Estado de México, respectivamente.

En el caso particular del Estado de México, zonas de municipios tradicionalmente seguros comienzan a resentir los embates del crimen.

En el municipio de Huixquilucan, colonias como La Herradura e Interlomas sufren desde el robo a casa habitación hasta el asentamiento de narcotraficantes, que retan a la autoridad y que llegan a ocupar áreas habitacionales de alta exclusividad, en las que la droga circula ante el estupor e impotencia de los vecinos.

Por otra parte, la zona de descanso ubicada en torno del lago de Valle de Bravo, a pesar de los operativos de seguridad que han llegado a establecer retenes en los dos o tres accesos principales al poblado del mismo nombre, sufre el asentamiento de los grupos delincuenciales que pretenden no sólo la protección de las montañas que circundan la zona, sino también mezclarse y confundirse con grupos sociales de alto poder adquisitivo.

El gobierno de Eruviel Ávila tiene ante sí el reto de conservar el alto nivel de seguridad que había logrado su antecesor, Enrique Peña Nieto. Menuda tarea.

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