Nunca como ahora los expertos en materia económica y financiera que mensualmente consulta el Banco de México habían volteado a ver el tema de la inseguridad como el principal lastre que puede detener el crecimiento futuro del país.

El discurso de que no había una afectación directa en la actividad económica como consecuencia del crimen ha sido la constante de las autoridades, incluso las financieras.

Sin embargo, ahora la inseguridad es el foco rojo número uno. Es considerado como un factor que puede impedir el desarrollo económico.

En la encuesta mensual que el Banco de México levantó en mayo entre 31 grupos de análisis y consultoría del sector privado nacional y extranjero, aparece la inseguridad pública como el mayor factor que puede impedir el crecimiento.

Esta categoría obtiene 28% de las respuestas. Es, de hecho, la primera vez que este riesgo obtiene una votación tan elevada.

En segundo lugar de respuestas está la debilidad del mercado externo y de la economía mundial. En tercero, uno que es tradicional en estas mediciones y que siempre se mantiene como un factor de riesgo económico nacional: la falta de reformas estructurales.

Pero la violencia es, además, descontrolada y desconocida para muchos en sus alcances, porque las manifestaciones del crimen son muchas más que las que se alcanzan a conocer.

El mejor ejemplo para conocer la manera en que el crimen puede acabar con la actividad económica no es Colombia, es Monterrey.

Esta ciudad, modelo del desarrollo que es posible alcanzar en México, pasó en muy poco tiempo de ser ejemplo a ser el caos.

De la industrialización al crimen, de las firmas más importantes de México a los peores representantes de la delincuencia organizada en este país.

Como la historia de Mario Ramos, quien un día recibió un correo electrónico donde le exigían 15,000 dólares mensuales para que pudiera mantener la operación de su negocio de tubería.

Lo tomó a broma y, como no entregó la cantidad exigida, un comando armado entró en su negocio, lo destruyó y pintó una enorme Z en la pared. Mario tomó a su familia, algunas pertenencias y huyó a los Estados Unidos para salvar su vida. Atrás quedó su patrimonio y su negocio de toda la vida.

Estas historias se multiplican con el que asaltan en el camión, con el que queda atrapado en un fuego cruzado, en fin.

No es gratuito que, en medio de la peor crisis de construcción e hipotecaria en la historia de Estados Unidos, la franja fronteriza del sur hasta Florida presente una súbita reactivación en la venta de casas, muchas de ellas adquiridas con capitales mexicanos.

De los extranjeros, ni hablar; sólo la mitad de las empresas afiliadas a la Cámara Americana de Comercio tienen planes de hacer nuevas inversiones en México; en muchos casos, el motivo de la parálisis tiene que ver con la violencia.

Los prestadores de servicios turísticos saben muy bien lo que es tener ocupaciones bajas, producto del miedo o la violencia en México.

En los senos familiares también la violencia afecta la toma de decisiones de consumo, porque el miedo a ser víctimas de la delincuencia inhibe la compra de bienes que pudieran perder en manos de la delincuencia.

Puede haber una lluvia de cifras para contrarrestar la impresión de que la violencia y la impunidad nos están costando caro a los mexicanos, pero la multiplicación de historias vuelve difícil el cambio en la percepción.

Por ahora, los analistas, los profesionales de la economía que consulta el Banco de México están convencidos de que la inseguridad pública es hoy el principal factor que puede frenar el crecimiento económico de este país.

La primera piedra

Muy mal día el de ayer para los mercados bursátiles del mundo. Y es que con malas noticias sobre el empleo y la actividad industrial desde Estados Unidos, con una baja en la actividad fabril de China y una notable picada de la industria europea, se juntan las evidencias de una desaceleración global.

Después de un razonable primer trimestre, lo que hay por ahora es la incertidumbre de si hay solamente una pausa en el proceso de recuperación o si realmente puede haber una recaída en la salud económica mundial.

Esto sólo anuncia mayores jornadas volátiles y de incertidumbre.