La 4T, tiene algo de influencia bíblica. Sin embargo, su ignorancia y su desprecio por el conocimiento o la ciencia es tal, que no saben que la biblia tiene una fuerte influencia platónica. Es decir idealista. Proviene del tiempo en que la traducción que se hizo: en el siglo 3ero, a propósito del 1er concilio vaticano con Constantino el Grande.

Es esa influencia la que pone en labios de San Juan, aquella frase de la que deriva buena parte del occidente y su ideología, en el primer versículo del Nuevo Testamento: “Y el verbo se hizo carne”. Es decir, no es que la carne real y viviente estuviera entre nosotros, antes que el profeta, primero estuvo la idea, luego llego el profeta. La idea estaba ahí y llegó quien llenaba o cubría ese vacío. Lo demás lo conocemos. Es nuestra historia.

No me extiendo en la discusión. Lo que importa es que hay quienes creen que las palabras llenan y transforman “per se” la realidad, como piensa AMLO. La hacen posible o la convierten en cierta. Pronunciar una idea, describir una realidad, apropiarse de la realidad por efecto de las palabras la transforma con el sólo hecho de nombrarla o describirla. A veces eso es posible o probable, porque plantea una ilusión, un objetivo o un deseo. Otras veces se convierte en un engaño en una visión inalcanzable a la que se convoca para fortalecer a quien la pronuncia y se vuelve una verdad intangible, pero deseable y, a veces, convincente.

Todo lo anterior, a propósito en unos dos o tres argumentos respecto de la pandemia, que se repiten como si con ello las cosas se materializaran. El primero es el que tiene que ver con el manejo de la pandemia. El libro recién publicado: “Un Daño Irreparable” de la Doctora Laurie Ann Ximenez-Fyvie, contiene argumentos suficientemente convincentes, como catalogar el manejo de la pandemia como una estrategia lamentable, pero sobre todo irresponsable y casi homicida.

López-Gatell, servidor público mediocre menor, ávido de ganar los elogios del poder y reconocimiento públicos desde palacio, los que nunca ha podido tener, ha comprometido a la muerte a cientos de miles y con ello ha complacido a un irresponsable mayor: el presidente de la república, que en vez de hacer operar, por ley al consejo de salud pública, tomo las cosas en sus manos para generar una lamentable situación de la que además nadie lo hace responsable.

Ha asegurado que se vacunaran millones, mientras que ni existen las vacunas, ni se han comprado, ni humanamente es posible vacunarlos con los equipos existentes en el sistema de salud, menos con sus huestes llamados ciervos de la nación. Pero lo repite y lo repite como si con ello la realidad se hiciera material.

Ha asegurado decenas de veces el dominio de la pandemia y que vamos muy bien, surgido de la misma convicción. Basta con repetirlo para que se haga realidad.

Ha repetido decenas de veces los bien que va la economía y los miles de millones que habrán de invertirse como si sus palabras fueran el acicate de la voluntad de los empresarios que sencillamente no le creen a San Juan.

Las palabras, son una herramienta, es cierto, pero no es en su repetición donde la realidad se materializa, sino en su uso moderado para inspirar y conducir, para convencer y actuar. Repetir cantaletas no cambia la realidad. Eso si, puede generar en quien las profiere la convicción de que la realidad ha cambiado, pero tiene que comprobarse que aquello ha sucedido. Que Lázaro se levante y ande; que el agua se convierta en vino de verdad; o que uno haya resucitado, de otro modo se convierte, cualquiera, en un merolico sin profundidad, ni sentido, en un mentiroso, pues. Nada más, pero nada menos.

Miguel González Compeán

Abogado, politólogo y economista

Columna invitada

Ensayista e interesado en temas legales y de justicia. actualmente profesor de la facultad de derecho de la UNAM.

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