La consistencia en el actuar, que enlaza de forma armónica el decir con el hacer, siempre ha sido vista como una virtud deseable que se subraya cuando se traduce al mundo de la política. Esa permanencia inmutable en el transcurrir del tiempo, es una de las características que más se premian con pasaportes que conceden la pertenencia a grupos y círculos donde se demanda lealtad, fidelidad y apego incondicional. Sin embargo, la personalización de dichas características para hacerlas recaer sobre un particular pensamiento, o un particular personaje, desdibuja la gama propia de convicciones que sustentarían a quien las reluce. Por ello, el acomodo a modas de comportamiento o cartas morales impuestas, generalmente resulta en ejercicios de simulación cuya visualización trae devastación y desencanto. Así, el ajuste conveniente en el comportamiento público de muchos cuyo nivel de ingresos les ha dado para sostener una vida de comodidades, termina por convertirse en una máscara de asideros endebles; un traje prendido de alfileres con tendencia a caer y mostrar la incómoda desnudez.

Sin embargo, el catálogo de comportamiento deseado para los funcionarios pertenecientes al actual gobierno federal, no solo les ha impuesto la austeridad como rectora, sino el recato que vela la transparencia de estatus social el cual, a la luz de la creencia actual, equipara plenitud y bonanza con opacidad, corrupción y perversidad. Esta exigencia, mucho ha condicionado en consecuencia comportamientos de manera artificial. Se pregona ataviado de la túnica franciscana, pero detrás de ella, existe un haber patrimonial que no necesariamente proviene de la triquiñuela. Aunque con raíces más profundas, es este el caso de lo ocurrido en torno a la boda de Santiago Nieto Castillo. A nadie se le puede reprobar que, después de un esfuerzo de vida por alcanzar la comodidad económica, cuente con la posibilidad de realizar un evento social tan trascendente con los recursos suficientes para que el mismo sea memorable. El problema es que la polarización que campea entre los mexicanos, ha llevado a un extremo peligroso esa división binaria entre “los ricos malos y los pobres buenos”.

Lógico resulta que, en aras de lograr la purificación y la recompensa en los núcleos que premian la austeridad como virtud, se enmascaren fortunas de las cuales en otros tiempos no habría de que avergonzarse cuando estas provenían de una vida de esfuerzos. La bonanza que incitaba a la aspiración ya no existe y hoy se equipara a un mal que estorba el progreso de todos. Nada más equivocado; la prosperidad multiplica e incluye, impulsa hacia arriba y permite desarrollo colectivo. La congruencia artificial solo logra insistir sobre los errores. Vuelve pétreos los argumentos por más equivocados que estos sean; inutiliza la argumentación y propone la improductividad. Cuando en el pasado nada avergüenza, en el presente nada se esconde. En estos cartabones, el problema no es lo que hagan, sino lo que les develen.

Twitter: @gdeloya

Guillermo Deloya Cobián

Analista en temas de política

A media semana

Guillermo Deloya Cobián es oriundo de Puebla, licenciado en derecho, con especialidad en derecho fiscal, maestro en economía y gobierno y doctor en planeación estratégica y políticas de desarrollo. Actualmente cursa la maestría en escritura creativa en la Universidad de Salamanca.

Es articulista y comentarista en diversos medios de comunicación nacionales y locales, ha publicado ocho libros, además de diversos ensayos en temas que van desde lo económico, político y jurídico, hasta una novela histórica ubicada en el siglo XVIII.

Es comentarista y analista en temas de política, economía y jurídicos en ADN40.

Ha desarrollado una constante actividad docente como profesor universitario tanto en Puebla como en la CDMX.

Cuenta con una trayectoria en el sector público de veintiocho años donde ha ocupado cargos en los ámbitos federal y estatal, en la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México, en la Procuraduría General de la República, en la Secretaría de Hacienda y Crédito Pública, en el Consejo de la Judicatura Federal y el Gobierno del Estado de Puebla, fue Coordinador del Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal, INAFED, de la Secretaría de Gobernación y ha ocupado diversos cargos partidistas.

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