Evo Morales quería un golpe de Estado y no lo tuvo.

El pulso social lo perdió la mañana del domingo 10 de noviembre al escuchar no una sino tres voces influyentes en su país: el que fuera su aliado durante muchos años, Juan Carlos Huarachi, líder de la Central Obrera Boliviana (COB), el papa Francisco y el comandante en jefe de las fuerzas armadas, Williams Kaliman.

Huarachi le pidió que renunciara para evitar violencia en las calles, debido a dos motivos: el fraude electoral y su ilegítima presencia en las boletas electorales.

El papa, durante un mensaje público ante la plaza San Marcos, le dedicó a Evo algunas palabras con cierto componente encriptado: esperar la auditoría de la OEA.

Morales ya conocía el resultado de la auditoría antes de que un equipo nutrido lo realizara pocos días después de las elecciones. Se encontró acorralado; sabía que políticamente le quedaba medio pulmón. Lo usó para articular su previsible impostura: utilizar el mensaje de Kaliman para huir del país y regresar como héroe.

Dos sucesos públicos dejan ver la impostura de Evo: al dar un mensaje a la nación la mañana del mismo domingo, el presidente de Bolivia reconoció de facto los resultados de la auditoría de la OEA al anunciar nuevas elecciones. Morales dijo: “Convocar a nuevas elecciones nacionales que mediante el voto permitan al pueblo boliviano elegir democráticamente a sus nuevas autoridades incorporando a nuevos actores políticos”. Morales no quiso ser explícito para anunciar que él no se presentaría a las nuevas elecciones. Su discurso cambió estando en México. En una entrevista con El País (14 de noviembre), Morales declaró: “El domingo (10 de noviembre) anunciamos que vamos a elecciones con nuevo tribunal. Evo no es candidato”. En plural y en tercera persona, a Morales le costó trabajo reconocer que no se presentaría a elecciones. Las dos versiones de Morales son contradictorias. Si el domingo hubiera anunciado que no se presentaría a las nuevas elecciones, Morales no estaría en México.

Otra escena revela el deficiente guion de Evo. La presidenta del Senado, Adriana Salvatierra, desapareció la tarde del domingo. Junto con el presidente del Congreso y el vicepresidente, despoblaron los puestos presidenciables en caso de ausencia del presidente. La razón: sus respectivas vidas corrían peligro. Así lo manifestaron. Al paso de 48 horas, una vez que la senadora Jeanine Áñez se preparaba para asumir la presidencia, Salvatierra intentó ingresar al Congreso. ¿Su vida ya no corría peligro?

Evo pensó que el país se iba a incendiar por su renuncia como presidente. En efecto, sin la presencia del presidente las posteriores 48 horas hubo desgobierno, frontera con la anarquía. Era lo que deseaba Morales. Una junta militar al frente del poder. No la hubo. Al descender del avión que lo trajo a México, Evo comprobó que su genial impostura había fracasado.

Marcelo Ebrard articuló un storytelling conmovedor para llegar a la capa emotiva de la población: la tradición de México en el tema de los asilos políticos. Evo, como sobreviviente de un operativo tipo Bagdad o Damasco. Sobreviviente de fuego cruzado.

La sobreactuación del secretario de Relaciones Exteriores lleva implícita la genial impostura de Evo.

México santifica a Evo a pesar de la crisis que el propio Morales provocó en su país. En el 2016 fue Evo el que rompió el orden constitucional al desobedecer el mandato de un referéndum revocatorio.

Al salir de Bolivia, Morales sabía que una eventual rebelión dejaría a varios cientos de muertos. Por fortuna no los ha habido. Fue irresponsable. Ebrard lo sabe. Sobreactuó para disimular el grave escenario en el que México se ha metido.

La política exterior de México es un caos chavista. La no injerencia ha terminado con la genial impostura de Evo y la imagen de México de devalúa, ahora por su diplomacia.

[email protected]

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.