La presencia de un mandatario y su pronunciamiento sobre los temas internacionales da sentido a la política internacional, el desarrollo de los temas enunciados y la configuración de alianzas estratégicas

La ausencia del presidente de México en el foro internacional G20, el cual se desarrollará este mes en Osaka, Japón, significaría la pérdida de una oportunidad crucial para mejorar el posicionamiento de nuestro país en el exterior y hacer frente, mediante la articulación de alianzas y posicionamientos conjuntos, a Trump y sus medidas coercitivas. Enviar en su lugar al canciller Marcelo Ebrard y al secretario de Hacienda Carlos M. Urzúa rompe con una tradición diplomática que ha sido benéfica para nuestro país.

Desde un principio el presidente marcó el distanciamiento de una política exterior activa y un rescate de los principios tradicionales, haciendo énfasis en el principio de la no intervención. No obstante, pareciera ser que la razón por la que el presidente no considera pertinente volar al otro lado del mundo y asistir a dicho foro es para evitar el enfrentamiento con Estados Unidos y empeorar la crisis por la que atraviesa la relación bilateral. Sin embargo, México debe aprovechar este escenario para impulsar el Plan de Desarrollo Integral para Centroamérica, la opción más viable y digna de enfrentar el problema migratorio, con el respaldo de la comunidad internacional. Andrés Manuel no debe olvidar que los foros multilaterales han servido a nuestro país durante sexenios anteriores para promover y procurar nuestros intereses en el ámbito internacional.

En la década de los 70, el presidente Luis Echeverría encabezó uno de los episodios más activos en cuanto a la participación internacional de nuestro país. Durante su sexenio el presidente viajó a 36 países y se entrevistó con 64 jefes de Estado, esto con el fin de ampliar las relaciones políticas de México con el extranjero y diversificar la economía para disminuir la dependencia económica con Estados Unidos. Los resultados de la política exterior de Echeverría son muy criticables, debido a que México no pudo diversificar efectivamente su economía frente a su vecino del norte. No obstante, la participación activa de México en el exterior logró consolidar uno de los pilares de la Cooperación Internacional para el Desarrollo, la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados.

En dicha carta, aprobada por la Asamblea General de la ONU el 12 de diciembre de 1974, se establece la corresponsabilidad en el desarrollo económico internacional y las obligaciones que tienen los países desarrollados con sus homólogos en vías de desarrollo. En medio de la Guerra Fría, México logró articular y representar los intereses de las naciones en vías de desarrollo, permitiéndole defender sus intereses, entablar alianzas y proyectarse como un líder regional. El impacto fue tal que 45 años después el Plan de Desarrollo Integral para Centroamérica enarbolado por el gobierno mexicano a inicios de este año rescata los principios y deberes vertidos en la carta.

Asistir a los foros internacionales como jefe de Estado no es algo trivial. La presencia de un mandatario y su pronunciamiento respecto a los temas internacionales tiene un impacto significativo en la dirección de la política internacional, el desarrollo de los temas enunciados y la configuración de alianzas estratégicas. Frente a una situación adversa en la esfera binacional, México debe refrendar los principios de cooperación y buscar aliados frente a una relación asimétrica y chantajista con Donald Trump. Sin embargo, para que esto sea factible el presidente debe dar la importancia debida al foro G20 y otros foros de esta envergadura, siendo él quien encabece la participación mexicana.