Muchas personas quieren invertir su dinero pero no quieren asumir ningún riesgo. En ese sentido, en realidad lo que buscan no es una inversión, sino un seguro: un instrumento que garantice un monto en el futuro, pase lo que pase  —y que éste se actualice con la inflación.

El problema es que la gente llama “riesgo” a la posibilidad de perder su dinero. Aunque puede suceder, en realidad el riesgo en inversiones es la volatilidad en el valor de nuestro portafolio de inversión. La buena noticia es que se puede controlar a través de la diversificación.

Personalmente creo que todas las personas deberíamos aprender a construir un portafolio de inversión de largo plazo, de muy bajo costo, con distintos instrumentos y clases de activo. Es decir, entre otros, debe incluir acciones de empresas de México y el mundo y de distintos tamaños, instrumentos de deuda locales e internacionales (de Estados Unidos, de mercados desarrollados y también emergentes), startups, commodities, monedas virtuales, crowdfunding y también un componente garantizado a través de seguros.

La idea principal es combinar cada clase de activo en una proporción adecuada, según nuestro perfil de riesgo. Por ejemplo: una persona muy conservadora quizá quiera tener la mayor parte de su patrimonio en seguros de ahorro garantizado (por ejemplo dotales o de vida entera) e instrumentos de deuda locales de corto y mediano plazo. Pero también debería integrar otros activos en menor proporción, porque esto potencia el crecimiento del patrimonio.

En cambio, una persona muy agresiva podría tener una proporción mayor en acciones de empresas, en startups o en monedas virtuales, pero de la misma forma, no debe olvidar integrar en menor medida instrumentos de menor riesgo, para lograr un equilibrio y para mantener cierta liquidez que les permita aprovechar oportunidades.

El miedo de las personas en ocasiones está bien fundado. En todas partes encontramos gente que ha perdido dinero en la tanda, en un esquema piramidal o en una caja de ahorro no regulada, que resultó ser un fraude. Otros que no quieren saber nada de la Bolsa, porque hace muchos años su familia perdió todo su dinero ahí. La cultura en nuestro país nos hace realizar muchas cosas de palabra o confiar ciegamente en el otro. Mucha gente no se sabe asesorar (debemos entender que el asesor nos da consejos, pero la decisión siempre la toma uno).

Dicen que el miedo ciega y en ese sentido muchas personas, por buscar seguridad, olvidan ciertos riesgos importantes, como por ejemplo:

1. El riesgo de que nuestro dinero pierda poder adquisitivo. En todos los países existe inflación que, aunque sea pequeña, en el largo plazo puede significar una pérdida de valor importante en nuestro dinero. Por eso, es necesario que nuestras inversiones tengan potencial de crecer, por lo menos, más que la inflación. De lo contrario, efectivamente estamos perdiendo dinero.

2. El riesgo de no alcanzar nuestra meta. ¿Has oído hablar del interés compuesto? Es precisamente lo que permite multiplicar nuestro dinero a largo plazo y esto, a su vez, nos permite alcanzar más fácilmente una meta futura.

3. El riesgo de los prejuicios. Mucha gente piensa que los bienes raíces son la mejor inversión porque generan plusvalía. Pero esto no pasa siempre: si te ponen una gasolinera o un bar al lado, su valor puede bajar considerablemente.

4. El riesgo de invertir en algo que uno no entiende. Por ejemplo, quien no sabe que los instrumentos de deuda a largo plazo pueden tener minusvalías, aún cuando pagan una tasa fija. O quien invierte en renta variable sin saber lo que implica.

Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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