Más allá de las trincheras ideológicas y de las posturas políticas y económicas del régimen de gobierno, quienes dirigen el destino de nuestro país deben tomar conciencia de que la generación de plazas laborales atraviesa una grave crisis a lo largo y ancho del país, con origen en una problemática multifactorial que debe atenderse de forma inmediata.

En junio de este año, se dieron a conocer cifras en que se aprecia que durante mayo del 2019 sólo se crearon 3,983 empleos en México —de conformidad con cifras emanadas del IMSS—, lo cual significa una disminución de 90% respecto del mismo período del año anterior, situación sumamente grave bajo cualquier óptica.

¿Cuáles son las causas que motivan esta disminución? En el análisis, podemos remitirnos a múltiples razones que en mayor o menor medida han afectado la oferta de puestos de trabajo por parte de la Iniciativa Privada. La llamada austeridad republicana —con la consecuente disminución de gasto público—, el exceso de precauciones de un sector empresarial que no encuentra certidumbre en la inversión y la falta de incentivos a la generación de empleos son factores que, entre otros, crean un panorama poco alentador para nuestra economía.

No es lo mismo que una persona tenga acceso a un trabajo —permanente o temporal— a que se le capacite para que en el futuro sea apto para acceder a un empleo, supuesto básico del que surge el programa Jóvenes Construyendo el Futuro de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social: no se trata de conceptos excluyentes, pero tampoco sustitutivos.

El hecho de que una persona sea capacitada para desempeñar una labor en un período de tiempo en que será remunerada por ello es un esfuerzo loable por parte del gobierno federal para apoyar a sectores de la población que ordinariamente no encuentran oportunidades. Que este evento sea secundado por múltiples empresas de la Iniciativa Privada sin duda puede sentar un precedente que rinda importantes frutos.

Sin embargo, no puede desatenderse la necesidad de generar empleos dignos, con todas las características que implica esta denominación —salario remunerador, no discriminación, acceso a la seguridad social y capacitación—, y para ello se necesitan condiciones propicias para que el sector privado encuentre alicientes.

Es necesario establecer reglas claras que motiven la inversión y como consecuencia la creación de empleos. La reciente reforma laboral confirma el deseo de México de colocarse a la par de nuestros socios comerciales respecto del reconocimiento de los derechos de los trabajadores y de la impartición de justicia en este ámbito.

Si en el país hay una disminución en la oferta de puestos de trabajo, la población que se suma al mercado laboral excederá las capacidades del sector privado y las consecuencias pueden ser de dimensiones catastróficas.

El combate a la corrupción debe ser una lucha sin tregua —eso no está en tela de juicio—, lo que no debe ocurrir es que con ese argumento como pretexto se detengan actividades prioritarias, se dejen de satisfacer necesidades primarias de la población o se detenga el desarrollo programado e incluso presupuestado, pues todo ello envía malas señales a la inversión nacional y extranjera.

Jóvenes Construyendo el Futuro es sólo un paliativo para el grave problema que significa la ausencia de fuentes laborales. Aun así, puede ser la primera parte de un gran proyecto. Para consolidar el concepto y prolongar sus beneficios en el tiempo, el gobierno de la 4T debe reconocer que necesita un aliado que no encontrará sino en la Iniciativa Privada, a la que tanto ha denostado: el empresario.

Si en el período de capacitación subsidiada se consolida una relación entre empresas y capacitados, se puede arribar a una segunda etapa en que las primeras establezcan sólidas relaciones laborales con sus otrora becarios.

En tanto esto ocurre —como supuesto ideal del programa— el gobierno no puede olvidar que nuestro país concentra más de 98% del sector empresarial en micro y pequeñas entidades que requieren de la actividad económica un ritmo más acelerado, y condiciones que motiven su crecimiento y, con ello, una participación más activa en la generación de empleos.

Construir el futuro implica una premisa que no puede soslayarse: establecer las bases para que la población, en lo general, tenga acceso a un trabajo decente conforme a los cánones.

*El autor es director general de Cadem Consultores.