Con 3,595 participantes registrados (hasta el momento en que se escribe este texto) en 725 ciudades de 94 países, el próximo sábado 25 se celebrará la octava entrega del 24 Hour Project. Un reto convocado por la ONG del mismo nombre convocando a fotógrafos, profesionales o aficionados, a salir durante 24 horas a documentar la vida de su ciudad, haciendo fotografía urbana, callejera o documental.

El proyecto que comenzó en el 2011 gracias al entusiasmo de dos fotógrafos: Renzo Grande, de Perú, y Sam Smotherman, de Estados Unidos, se proponía “capturar la esencia y complejidad de la condición humana en imágenes”. Al principio la idea era comparar la vida de dos ciudades durante 24 horas, pero fue pronto evidente que daba para más. En su primera convocatoria (2012), el llamado sumó a 65 fotógrafos de 24 ciudades en 20 países.

El año pasado, el proyecto se celebró el 7 de abril y los participantes fuimos 4,280 fotógrafos en 850 ciudades de 104 países. El proyecto ya había enarbolado la difusión de otras causas, en el 2016 se apoyó a la organización She Has Hope, que atiende a sobrevivientes del tráfico ilegal de seres humanos. En el 2017, al campo de refugiados Lesvos Solidarity, en Grecia; y en el 2018, a la organización Shakti Vahini, una ONG en la India que lucha por los derechos humanos, particularmente protegiendo a niños y mujeres.

La edición del 2019 es la más ambiciosa del proyecto, pues busca donativos y aportar a las causas de cuatro distintas organizaciones: Atena, que da seguridad a mujeres víctimas de violencia doméstica en Irán; Sacred Valley Health, que promueve servicios de salud a las comunidades rurales del Valle Sagrado del Perú; She Has Hope, que realiza programas de empoderamiento a mujeres en áreas rurales de Uganda; y GES Mujer, que se ha dedicado por años a la defensa de los derechos de las mujeres en Oaxaca, México.

Hay varias maneras de participar. Una de ellas, por supuesto, es realizando donativos directos a estas organizaciones, para lo cual se estableció una meta de recaudación vía una página de crowdfunding. Para el reto fotográfico basta registrarse en forma gratuita en el sitio web (www.24hourproject.org) y contar con una cuenta de Instagram. Finalmente, como espectador, revisando las páginas del proyecto en Facebook e Instagram o siguiendo en esta última el hashtag #24HourProject.

Los fotógrafos participantes, a partir de las 12 de la madrugada del sábado 25 de su país, tomarán fotografías, subiendo una imagen cada hora a sus cuentas de Instagram. Cada imagen irá etiquetada con el lugar, la hora, el título y las causas mencionadas.

Así, durante un día, una de las redes sociales más populares del planeta se volverá una ventana a cómo vive el resto de la humanidad. Un documento que quedará para la posteridad en la red o en los libros y exhibiciones que realiza la organización en todo el mundo.

Se documentarán escenas de la vida pública, mujeres caminando, cocinando, trabajando, bailando, checando el celular, bajando y subiendo a vehículos, en tránsito masivo y en bicicletas, celebrando en bares o limpiando sus negocios, visitando el mercado, en la convivencia familiar, el transporte o durante el descanso después de un día agotador.

No importa si el participante tiene cámara digital profesional, una compacta o un teléfono móvil. Se puede participar unas horas durante el día, o asumir el reto de hacerlo durante las 24 completas. Ese reto, que no es menor, pues al recorrer de la ciudad en horas ignotas, se le invita al participante a dejar a un lado el cansancio físico y mental y sobreponerse a sus propias limitaciones: caminar, fotografiar, elegir, editar y subir a la red social. Todo mientras el reloj, implacable, avanza hacia la siguiente hora.

La fotografía urbana, especialmente en ciertas horas y sitios, puede suponer un riesgo adicional. La mirada ajena invita a la paranoia o la suspicacia (justificada o no). El ejercicio, entonces, también es una invitación para reflexionar sobre los espacios públicos y el derecho a mirar y capturar imágenes de lo que nos rodea.

Casi todo mundo lleva una cámara en el bolsillo, una que frecuentemente se utiliza para documentar el paso de la vida a través de selfis y memes burlones; organizaciones y proyectos como este invitan a esos usuarios a dejar de mirarse el ombligo y usar la cámara trasera del teléfono para volverse testigos registrando cómo ven el mundo. El resultado es un testimonio invaluable que suma las miradas individuales con las de los demás. Una ventana temporal a la vida (las vidas) de los otros, que de alguna manera, también son la nuestra.

@rgarciamainou

RicardoGarcía Mainou

Escritor

Las horas perdidas

Estudió Ciencias de la Comunicación con especialidad en Radio y Televisión Educativa en la Universidad de las Américas Puebla.

Ha escrito, editado, traducido y diseñado para diversas publicaciones literarias, periodísticas y especializadas: locales y nacionales (Libros de México, Revuelta, De viaje, Cinéfila, La masacre de Cholula, etc.).