Desde mi punto de vista creo que tenemos en este momento cuatro problemas muy serios en México. En primer lugar, el COVID; la pésima gestión, los malos ejemplos y las verdades a medias nos han hecho llegar a una cifra más que catastrófica de muertes. Este problema de salud pública ha enlutado a cientos de miles de familias mexicanas. A pesar de ello, un porcentaje significativo de la población está aún confundido y piensa que este virus desaparecerá solo, que los cubrebocas y la sana distancia no son indispensables, como hace el presidente. La vacunación avanza lento y hay personas que no parecen dispuestas a inocularse. Solo un dato: dos de cada 10 adultos mayores no se han vacunado en la CDMX, sea porque no les parece importante o porque les da más miedo la vacuna que el bicho. Esto es, el número de muertes por el coronavirus probablemente continuará. Terrible.

En segundo lugar, está la muy difícil situación económica por la que atraviesa nuestro país. Las clases medias hemos visto mermado nuestro nivel de vida, los privilegiados que podemos trabajar desde casa hemos, más o menos, sorteado la desgracia, a costa de perder los ahorritos que teníamos, si es que lo habíamos logrado. Compramos menos, vacacionamos mucho menos, y muchos no solo eso, de plano no tienen empleo o sus negocios familiares o pequeñas empresas han quebrado junto con sus sueños. Los que tienen trabajos presenciales han padecido aún más: despidos, reducción de salarios, carencias y por si fuera poco han tenido que exponer su vida para poder trabajar más por menos.

Si en el sexenio pasado pensábamos que crecer un poquito más del 2% era bastante mediocre, hoy nos haría muy felices crecer nuevamente a ese nivel o siquiera a la mitad. En estos años revueltos no ha habido ni un apoyo, ni más créditos, ni alguna forma de empatía y ayuda para con los micro y pequeños empresarios, ni con sus empleados. ¡Qué la clase media se rasque con sus propias uñas y ya!

La administración de la pobreza continúa, como en sexenios anteriores, pero en peores condiciones. Los más vulnerables se han tenido que conformar con el asistencialismo gubernamental y la condena perpetua a la miseria. Y ahí van, desde antes lastimados por la pobreza y ahora juntando lo de la abuela con lo del joven sin empleo y con lo poco que gana la mamá o el papá, a ver si logran comer siquiera una vez al día. Solo un dato, se han integrado 10 millones de mexicanos más a las filas de los pobres. Terrible.

El tercer problema, también muy fuerte, es sin duda la inseguridad, el dominio de parte del país (dicen en USA que el 35%) por los narcos. Todos los días vemos con horror unos y con indiferencia otros (a eso hemos llegado) asesinatos, secuestros, feminicidios, violaciones, fosas comunes y más. Lo peor de todo es que el desenlace de todas estas desgracias es sin duda la impunidad.  ¿Ya nos acostumbramos a eso?, ¿estamos resignados a vivir así?, ¿abrazos no balazos?, ¿el mundo pone el consumo de drogas y nosotros ponemos los muertos?, ¿hasta cuándo vamos a arrastrar este problema, cada vez más grande e invasivo? Terrible.

El cuarto problema que enfrentamos en este también aciago 2021, es el intento cotidiano por destruir nuestras instituciones y libertades. La desaparición de los órganos autónomos, el acoso al arbitro electoral, los tribunales a modo, la falta de equilibrio de Poderes, la militarización del país y desde luego las amenazas a la libertad de expresión son ominosos presagios de los daños irreparables que ya está sufriendo nuestra de por si débil democracia. Terrible también.

Los enormes desafíos que estamos enfrentando hoy requieren de una ciudadanía alerta, valiente, comprometida, dispuesta a alzar la voz, decidida a evitar que este país de libertades que con tanto esfuerzo hemos ido construyendo, se desmorone frente a nuestros ojos.

La polarización y el desgano, el darnos por vencidos y la frustración paralizante, son lujos que no podemos darnos en este momento. Los ciudadanos tenemos que ser capaces de subir la cuesta. La hora llegó ya.

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Tere Vale

Psicóloga

Columna invitada

Psicóloga, conductora, escritora, comentarista de Grupo Fórmula.

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