Estos señores piensan que somos estúpidos y no nos damos cuenta de su simulación y cinismo. Ellos mismos, los burócratas de los partidos políticos que graciosamente se reparten el erario público como si fuera un botín, se dieron sus propias reglas para la competencia electoral.

Ellos fueron los que prohibieron en la Constitución la guerra sucia, las campañas de desprestigio, las campañas negativas. Ellos nos arrebataron a los particulares el derecho a criticarlos a través de la radio y la televisión. Ellos, que se desgarraron las vestiduras ante el atrevimiento de algunos ciudadanos por decir con todas sus letras, sin simulación, que Andrés Manuel López Obrador era un peligro para México, se las han ingeniado para darle la vuelta a sus propias reglas y poder hacer, en la práctica, lo que en la ley está prohibido.

A través de un Instituto Federal Electoral (IFE) a modo, los partidos políticos modificaron las reglas de operación entre éste y las estaciones de radio y de televisión. Quizás lo más relevante es que, sin análisis técnico alguno, recortaron los días que las estaciones de radio y televisión tienen para subir al aire los spots de los partidos políticos de cinco a dos. ¿Pero por qué dos? Parece una tontería, pero no lo es. En el fondo existe una razón gravísima y perversa: la simulación y descaro de nuestra clase política y su absoluto desprecio por los ciudadanos comunes, como usted o como yo.

Antes de entrar al fondo que se esconde en los cambios al Reglamento de Acceso a Radio y Televisión en Materia Electoral aprobados el lunes por el IFE, cabe aclarar las razones de la molestia de los concesionarios de radio y televisión con estas nuevas reglas del juego electoral (disculpe usted, pero llamarle democracia suena muy pomposo mientras los ciudadanos, usted y yo, no tengamos derecho a ser votados). Imagine usted que tiene que llevar un paquete por carretera de la ciudad de México a Acapulco y por reglamento le dicen que debe hacerlo en una hora; aquel que lo ordena nunca ha realizado el viaje, desconoce los kilómetros que separan una ciudad de la otra o el tipo de vehículo que usted utiliza. Simplemente ordenó que se haga en una hora porque así conviene a sus intereses. Bueno, pues algo similar sucede con las estaciones de radio y televisión.

El Consejo General del IFE, en la sesión del lunes, reconoció que no había hecho análisis alguno que pudiera justificar la viabilidad operativa de su decisión de reducir el plazo de cinco a dos días. Los señores del IFE, con la visión miope y centralista de la alta burocracia, piensan que todas las estaciones de radio y televisión están en la ciudad de México, concretamente en Avenida Chapultepec y el Ajusco, pero no es así.

Antes de las reformas se podía entregar el material en un solo punto y las redes de radio y televisión se encargaban de que las estaciones repetidoras en todo el país lo subieran al aire en cada una de sus plazas. Ahora, inspirados, han decidido que cada spot se debe entregar físicamente en cada una de las plazas, cuando hay algunas de ellas que no cuentan con los equipos necesarios para procesar localmente el material en dos días. Se prevé, es cierto, que exista un sistema electrónico para el envío de los spots que, en teoría, sería más rápido.

Sin embargo, dicho sistema no existe en la actualidad y el IFE se da seis meses para implementarlo. Hoy, nadie sabe cómo será tal sistema ni qué inversiones requerirán efectuar los concesionarios de radio y televisión para poder cumplir con estas nuevas disposiciones. Hay plazas que, incluso, carecen de Internet, pero sí tienen una estación de radio. Aún más: el reglamento no aclara cuántas órdenes de transmisión y con qué periodicidad serán entregadas por el IFE a las estaciones de radio y televisión. Un día pueden ser dos, por tres días nada y al cuarto llegar 10,000. ¿Qué negocio puede operar ante este desorden y falta de certeza?

Éstas son las razones que preocupan a los concesionarios, todas ellas de carácter operativo. Los motivos de los partidos fueron muy distintos. Poco les importó la factibilidad técnica y operativa, lo que en realidad pretenden es abrir una rendija para su guerra sucia. ¿Sabe usted que el plazo para bajar del aire un spot contrario a la ley -entiéndase de desprestigio- es de tres días? Es decir, es un día más que plazo que tiene el partido agresor para subir un nuevo spot al aire.

Así, antes de que el IFE pueda sacar del aire un spot lleno de lodo, el partido interesado ya tuvo la oportunidad de subir otro con una nueva ración. Los partidos, de esta manera, siempre irán un día adelante del IFE en su guerra sucia. Por eso querían dos días. La gran paradoja es que fue precisamente el IFE el que les dio esta prerrogativa para que los partidos violen sus propias leyes y se rían de la autoridad, de nuestro instituto ciudadano.