Respetar los reportes del Instituto, al final fortalece la posición del gobierno.

No debe caer muy bien en el ánimo de los funcionarios de Hacienda que justo en el momento en que defienden con todo, incluso en contra del sentido común, su pronóstico de crecimiento económico cercano a 4% para este año, llegue el Instituto Nacional de Estadística y Geografía a mostrar datos en el terreno de la recesión.

Sin embargo, en los próximos meses, la economía habrá de mejorar y los indicadores coincidente y adelantado del INEGI, que ahora se muestran en el terreno negativo, habrán de pintar mejor y lo que quedará es la certeza de que el organismo encargado de medir la economía nacional lo hace con total autonomía.

Es un hecho que habrá quien quisiera ver un INEGI más colaborador, con la buena causa de generar un ánimo positivo entre los agentes económicos. Sobre todo ahora que la confianza de los consumidores y de los inversionistas está tan baja y urge cualquier tipo de ayuda para mejorar las percepciones.

Un apapacho a la política fiscal desde las estadísticas sería bienvenido para reencausar la confianza en la maquinaría que busca acelerar el paso. Pero la labor del INEGI es informar lo que encuentra y cómo lo encuentra, para cuidar un valor superior que es la confianza.

Es un hecho que muchos de los indicadores que mide este instituto autónomo son perfectibles. Nada menos el indicador llamado adelantado, que se da a conocer en marzo, ¡tiene datos de diciembre! Así es que hay mucho que mejorar.

Al propio Índice Nacional de Precios al Consumidor se le deben hacer cambios para actualizarlo y hacerlo más asertivo.

Pero si algo tiene este Instituto es la confianza de que la información que publica no tiene la mano negra del gobierno en turno dándole una manita de gato con maquillaje.

Habrá quien quiera argumentar que la presencia de un panista al frente del Instituto puede ser un incentivo político para dañar al gobierno priísta, pero si algo pudo afectar la campaña política panista del 2012 fueron precisamente las evidencias que daba el INEGI sobre el impacto de la inseguridad en la vida cotidiana.

Aprendamos de la historia y de las experiencias de otros. Cuando la economía se manejaba en Los Pinos, uno de los grandes valores ausentes en este país fue la confianza y salió caro.

Cuando en Argentina, la señora presidenta Fernández decidió correr al gobernador del banco central por informar la verdadera inflación, pudo recetar el dato que se le dio la gana, pero nadie le creyó.

La economía va a crecer este año difícilmente a 4 por ciento. Pero cuando la situación mejore y las estadísticas lo indiquen, la administración del presidente Peña Nieto podrá gozar del reconocimiento del mercado de haber apechugado y aguantado vara con los malos datos publicados por el INEGI.

Si respetan las autonomías, del INEGI o del Banxico, por ejemplo, y si son tolerantes a la crítica cuando ésta es bien intencionada, al final acaban por fortalecer su posición de gobierno.