La caída en el valor de los bonos del Tesoro se debe, principalmente, a una fuerte disminución de los niveles de aversión al riesgo global.

Durante los últimos meses, hemos sido testigos de un ajuste importante en el mercado de bonos del Tesoro de largo plazo en Estados Unidos. En prácticamente tres meses, el rendimiento del bono del Tesoro de 10 años pasó de un mínimo de 1.4%, alcanzado a finales de julio a 1.8% al día de ayer.

Es importante recordar que la tasa que pagan los bonos es inversamente proporcional a su precio, por lo que un aumento en su tasa de interés de 1.4 a 1.8% implica una caída en el valor del bono de casi 22 por ciento.

La caída en el valor de los bonos del Tesoro de largo plazo se debe, principalmente, a una fuerte disminución en los niveles de aversión al riesgo a nivel global, que ha contribuido a una rotación de recursos que estaban invertidos en activos refugio -como los bonos del Tesoro de EU- a activos más riesgosos -como acciones, bonos de menor calidad crediticia y commodities.

Otro factor que ha influido en el aumento del rendimiento de los bonos del Tesoro de largo plazo es la percepción casi generalizada de que la gran expansión monetaria que están llevando a cabo los principales bancos centrales del planeta provocará mayor inflación futura.

Este ajuste a la baja en el valor de los bonos del Tesoro, que tiene como consecuencia un aumento en su rendimiento indicado, se está dando a pesar de que los bancos centrales están destinando gran parte del aumento en la oferta monetaria a la compra de este tipo de instrumentos.

A pesar del alza en el rendimiento en los bonos del Tesoro a 10 años, el nivel de tasa es aún muy inferior a 2.6% que se observaba hace exactamente un año y el máximo para la época poscrisis de 3.9% observado en abril del 2010. Desde el principio de la crisis del 2008-09, la preocupación principal de la Reserva Federal ha sido la posibilidad de entrar a un entorno de deflación y desapalancamiento desordenado, por lo que la política monetaria ha estado enfocada en inyectar cantidades masivas de liquidez en la economía y prevenir este escenario.

Estas inyecciones han contribuido de manera importante a la alza que hemos observado en los precios de las acciones durante los últimos meses, contribuyendo a una reparación más rápida del balance patrimonial de los consumidores –no olvidemos que el patrimonio de la mayoría de los estadounidenses está compuesto por su vivienda y su fondo de retiro, en el cual casi siempre hay un componente importante de acciones y bonos del Tesoro.

Asimismo, las medidas de la Fed también buscan estimular la inversión en el sector empresarial y residencial, contribuyendo a la creación de empleo.

El mecanismo de transmisión de esta política monetaria expansiva no es el tradicional pero parece estar comenzando a dar algunos frutos.

Durante los últimos 31 meses se han creado más de 5 millones de empleos formales en EU y la tasa de desempleo se ha ubicado en su nivel más bajo para le época poscrisis. Las ventas al menudeo de septiembre fueron sólidas y el mercado residencial parece estar comenzando una etapa de recuperación.

Ante esta situación, algunas corredurías han comenzado a anticipar una mayor rotación de recursos hacia activos de mayor riesgo, que podría traducirse en una continuación del rally en los mercados accionarios y un mayor ajuste a la baja en el mercado de bonos del Tesoro que podría llevar las tasas de interés de largo plazo de nuevo a sus máximos de los últimos 12 meses.

Para Merrill Lynch, una de las corredurías proponentes de esta tesis, la gran abundancia de liquidez seguirá siendo un tema predominante de inversión.

Sin embargo, para que el escenario de gran rotación sea factible, Merrill establece dos condiciones:

I) Que Estados Unidos logre navegar de manera exitosa el reto del precipicio fiscal del 2013 y II) que Europa continué un proceso ordenado de desapalancamiento y mayor integración.

El riesgo de que no se cumplan estas dos condiciones ha disminuido de manera considerable pero no ha desaparecido. Aunque Europa parece estar en el camino de una mayor integración, tiene retos enormes desde el punto de vista político y económico.

Por el otro lado, la parroquialización de la política en EU augura una discusión ruidosa y complicada sobre el destino del ajuste presupuestal.

Aunque la gran rotación del 2013 que propone Merrill Lynch es un escenario muy plausible, también es probable que la trayectoria, tanto de los mercados como del crecimiento económico, siga siendo dispareja e inconsistente.

joaquinld@eleconomista.com.mx