El gobierno federal ganó 15 días con el sofisticado mecanismo de congelamiento de los precios de las gasolinas o bien, abrió la puerta para hacer de la apertura de los precios de los combustibles un híbrido de discrecionalidad, dependiendo de las circunstancias políticas del momento.

Lo que es un hecho es que este paso atrás en el camino de la liberación de los precios de las gasolinas no habrá de menguar la determinación de los grupos opositores de usar este tema como un manjar electoral.

Ahí está el PRD en la capital del país, que ha gastado miles de litros de pintura amarilla y negra para llenar muchas bardas con la leyenda no al gasolinazo, aunque no se atrevan a decir una sola palabra del predialazo que acaba de recetar este año el gobierno de la Ciudad de México.

Como consumidores podemos sentir alivio de que al menos durante 15 días no se moverán los precios de las gasolinas y tendremos, como ha sucedido toda la vida, un precio fijo y controlado para estos combustibles.

Para el aplauso fácil, hay que decir que el gobierno se sensibilizó ante el reclamo popular, pero en realidad lo que tenemos es una muestra de que los grupos de presión son capaces a través de la movilización social de doblegar al gobierno en sus decisiones más estratégicas.

Es muy lamentable el desgaste que esta decisión provoca en algunas instituciones a integrantes del equipo presidencial, porque se desvivieron en explicar la necesidad del proceso de liberación y ahora los anulan con una decisión política.

Hay que recordar que durante los últimos días de diciembre y los primeros días de enero, mientras todos los funcionarios estaban en sus sagradas vacaciones, el secretario de Hacienda y Crédito Público, José Antonio Meade, fue el único que se batió para explicar el impopular gasolinazo.

Hoy ese funcionario, que es tan valioso, ha quedado abollado.

El mecanismo para asumir la decisión política de congelar los precios es muy sofisticado y está diseñado para no violar la ley. Pero no deja de ser un eufemismo legal.

Va de esta manera: por decreto se congela el precio desde el pasado sábado y hasta el viernes 17 de febrero. Sin embargo, para no violar la disposición que indicaba la necesidad de un cálculo conforme a la famosa fórmula que incluye el precio internacional, dólar, transportación, márgenes de utilidad e impuestos, Hacienda reduce el cobro del gravamen en la exacta proporción en que suben los combustibles y así quedan tablas con el precio.

La próxima semana se hará un nuevo cálculo del Impuesto Eespecial sobre Producción y Servicios y se volverá a publicar en el Diario Oficial el nuevo subsidio, o impuesto especial reducido, para que otra vez, sin violar la ley, se congele el precio. Demasiada sofisticación para una decisión política.

La pregunta es qué va a suceder después del 17 de febrero, cuando concluya este creativo esquema.

Desde el gobierno federal parecen apostar a que la tranquilidad del mercado cambiario y de los combustibles permita que ese día los precios de mercado estén alineados con el precio político de hoy y entonces emprender el esquema de cotizaciones diarias o bien pueden otra vez los expertos diseñar un sofisticado mecanismo para gozar de una estabilidad artificial.

La calma y popularidad social que podría alcanzar el gobierno con este nuevo congelamiento del precio de las gasolinas es inverso a la preocupación que genera entre muchos participantes de los mercados que exigen congruencia con la disciplina presupuestal anunciada.