Ayer los mercados financieros de Estados Unidos estuvieron cerrados por el feriado 4 de julio, lo que detuvo momentáneamente la racha negativa de siete días consecutivos a la baja para el índice Dow Jones, racha no vista desde los momentos más oscuros de la crisis financiera en octubre del 2008.

Aunque los movimientos a la baja durante estos días han sido mucho más moderados que los observados en octubre del 2008, los principales índices bursátiles de EU, Dow Jones y el S&P 500, acumulan una caída de 14 y 16%, respectivamente, desde los máximos del 23 de abril.

Al tiempo, que se ha dado esta corrección en los mercados accionarios, se han dado otras señales de creciente aversión al riesgo. Los precios de los commodities cíclicos, es decir aquellos que su demanda va ligada al ciclo de actividad económica, como el petróleo, el cobre y el acero, han registrado caídas importantes en las últimas semanas.

Por otro lado, activos que tradicionalmente se perciben como los de menor riesgo, como el oro y los bonos del Tesoro de EU han tenido un rally muy importante. El oro ha subido casi 10% en los últimos tres meses mientras que el rendimiento de los bonos del Tesoro de EU a 10 años se han ajustado de casi 4 a 2.98 por ciento.

Lo que empezó como un ajuste en los mercados a finales de abril, a raíz de la crisis de finanzas públicas de varios países europeos, se ha convertido en una verdadera corrección que amenaza con continuar, alimentada por la creciente probabilidad de una recaída importante en la recuperación económica a nivel global.

La debilidad de los indicadores del mercado laboral y residencial en EU para junio reavivaron los temores sobre una recuperación pasajera seguida de una nueva recesión.

Aunque son pocos los que auguran una recaída drástica en la actividad económica y los mercados, para los más pesimistas, ésta es prácticamente inevitable. Economistas como Nouriel Roubini, David Rosenberg, Reinhart y Roggof temen que, a diferencia del 2008-09, las autoridades financieras de los países desarrollados no tengan nada guardado en su arsenal de política económica para hacer frente a una nueva crisis.

Las tasas de interés no pueden bajar más de los niveles actuales cercanos a cero, los gobiernos ya no tienen más espacio en sus cuentas fiscales para incurrir en nuevas medidas contracíclicas de aumento en el gasto y la inversión pública. Los bancos están mejor, pero tampoco se hallan en posición de reactivar el crédito de manera tangible, además de que las finanzas de los hogares tampoco permiten un mayor endeudamiento.

Aunque este columnista no coincide totalmente con los pesimistas, tampoco está de acuerdo con los optimistas que trivializan el ajuste actual como una pausa en los mercados o un respiro en la recuperación económica. La realidad se encuentra en algún lugar en medio de estos dos extremos, pero probablemente más cargada hacia el lado de los pesimistas. La realidad, como dice Bill Gross de Pimco, es que el mundo desarrollado mantuvo un nivel de consumo y de crecimiento superior a sus posibilidades gracias a un excesivo apalancamiento, tanto a nivel del sector financiero como de los hogares, y ahora de los gobiernos.

Los países del mundo desarrollado tendrán que acostumbrarse a consumir menos, porque el acceso al crédito nunca volverá a ser tan fácil e imprudente como en el pasado. El mundo desarrollado dejará de ser el motor de crecimiento de la economía global, pasando la estafeta a un mundo desapalancado y con un bono demográfico acelerado: el mundo emergente.

Sin embargo, Gross aclara que este proceso tomará tiempo, ya que el mundo emergente todavía depende en gran medida de la producción y exportación de materias primas a países desarrollados.

El mundo emergente está creando sus propios motores de crecimiento interno, pero su marco institucional aún no es ideal.

Así como el mundo desarrollado se sobreendeudó, millones de consumidores en el mundo emergente todavía no tienen acceso al crédito, pero tampoco a servicios básicos, educación y seguridad social.

Esta gradual evolución económica, de la que habla Gross, es la razón por la cual el mundo no entrará a una nueva gran recesión, pero también es la razón por la que el mundo tendrá que acostumbrarse a crecer a tasas muy moderadas el próximo lustro, por lo menos, en tanto dure el pase de estafeta.