De repente la probabilidad de que ocurra una nueva recesión es la principal preocupación en los mercados y de los gobiernos del mundo. La crisis de las economías europeas y del euro que ha disparado la tragedia de la economía Griega es el factor que alimenta esta hipótesis. La Gran Depresión que inició el año 29 del siglo pasado se caracterizó por lo menos dos recesiones. La primera prolongada y dura que siguió al crack de la Bolsa el Black Tuesday del 29 de octubre, la otra ocurrió años después, cuando el Banco de la Reserva Federal (FED) restringió antes de lo necesario la política monetaria, dejando a la economía de Estados Unidos y de gran parte del mundo en ruinas hasta el inicio de la Segunda Guerra Mundial, que reactivo el crecimiento.

Después de registrar en los años 2008-2009 la peor recesión desde la posguerra el mundo está en franca recuperación. Según cálculos del Fondo Monetario Internacional (FMI) la economía mundial logrará crecer alrededor de 4.3% durante los próximos cinco años, apoyada cada vez más por el nuevo motor del crecimiento mundial, las economías emergentes, que se estima crezcan 6%, y en menor medida por el crecimiento de 2% en las economías desarrolladas. En particular para este año el FMI proyecta las siguientes tasas de crecimiento: 3.1% en Estados Unidos, Japón 1.9%, México 4.2%, China 10%, y sólo 1% en la eurozona. A la luz de los recientes eventos en Europa ¿Resultan muy optimistas estas proyecciones? Todo depende.

Desde mi perspectiva el principal riesgo a la recuperación es de nuevo como en los años 30 del siglo pasado la adopción de una política macroeconómica errónea.

Aproximadamente 65% del Producto Interno Bruto (PIB) global se genera en países con políticas fiscales insostenibles, déficit público demasiado alto y relación deuda-a-PIB alta y creciente. Es imperativo comenzar a poner en marcha programas de consolidación fiscal creíbles de mediano plazo orientados a superar esta situación, en gran parte resultado de la recesión.

Pero creo que será un grave y serio error permitir que los mercados impongan a los gobiernos una inmediata, masiva y desordenada restricción fiscal, cuyo resultado será el colapso de la demanda global y una nueva recesión.

En el caso de la relación de la eurozona y la economía mundial destacó dos escenarios. La mejor opción para la economía mundial se da cuando las políticas macroeconómicas de la zona se coordinan, los países con excesos de ahorro, Alemania principalmente, expanden el gasto privado/público para contrarrestar la necesaria consolidación fiscal de los PIGS, en tanto que el Banco Central Europeo (BCE) facilita este proceso mediante la adopción de una política monetaria de tasa de interés objetivo cero, como la FED, y de objetivos cuantitativos de liquidez. Esto supone un euro más competitivo. En este caso el escenario de recuperación continúa sin mayores cambios.

El escenario más preocupante ocurre si Alemania se rehúsa a estimular el gasto interno o fracasa en el intento, y se resiste a que el BCE adopte una política monetaria relajada, al mismo tiempo que los mercados obligan a los países PIGS a adoptar programas agresivos de restricción fiscal. De esta manera, Europa entrará en recesión poniendo en riesgo la recuperación y sería casi seguro que la unión monetaria europea desaparezca.

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