Una estrategia muy antigua en materia de inversiones, también de largo plazo, es la de comprar y mantener. Sin embargo, hay que entender que esto no significa nada más sentarse a esperar, sino que se trata de seleccionar adecuadamente nuestro portafolio de inversión y dejarlo madurar.

Se ha demostrado que la visión de muy largo plazo, el saber esperar, puede rendir muchos frutos. Pero también implica ser indiferente a la volatilidad del mercado, lo cual para muchas personas no es nada fácil. Hay instrumentos de inversión que en ocasiones bajan mucho (por ejemplo, en periodos de crisis internacional, las acciones de muchas empresas que siguen siendo sólidas pueden bajar a más de la mitad de lo que valían hace apenas unas semanas). La gente se asusta y vende, porque hay un pánico generalizado. Mantener el estómago firme se dice fácil, pero los sentimientos se cruzan.

Por otro lado, comprar y mantener tampoco significa ser necios y dejar en nuestro portafolio empresas que han equivocado su estrategia y que en lugar de seguir creciendo, se han metido en problemas. O instrumentos que ya no tienen sentido para nosotros.

La estrategia implica lo siguiente:

1. Entender que es una de muy de largo plazo. Jamás debemos invertir dinero que uno podría necesitar en caso de una emergencia, por ejemplo. Lo peor que puede suceder es tener que vender en el peor momento.

2. Hay que diversificar. Esta estrategia se puede aplicar a acciones individuales, a fondos de inversión o bien a portafolios hechos con instrumentos indexados de bajo costo como ETF. La diversificación es esencial porque las distintas clases de activos se comportan de diferente manera en diferentes periodos. Por eso es importante combinarlas, para controlar nuestro riesgo y optimizar nuestro rendimiento potencial.

Pero, además, uno podría tener una acción de una buena empresa por 10 años y obtener resultados quizá decepcionantes (comparados con otros instrumentos). También es posible lo contrario, pero uno nunca sabe, ni siquiera los expertos. “Atinarle” a un ganador entre las miles de opciones que existen es prácticamente imposible.

3. Aprender a esperar. Esto no significa, como ya mencionamos, comprar un instrumento y olvidarnos de que existe. Tampoco es aferrarnos a una mala inversión. Implica simplemente ser fiel a nuestro portafolio, a nuestro objetivo de inversión.

4. Revisar cada año nuestro portafolio. Una de las grandes ventajas de esta estrategia es que no tenemos que estar viendo todos los días nuestro portafolio (tampoco es recomendable hacerlo). Pero sí vale la pena sentarnos una vez al año para revisar su desempeño, su composición y revisar si requerimos hacer algún cambio. Por ejemplo, a medida que van transcurriendo los años y se va acercando nuestro objetivo, quizá queramos disminuir nuestra exposición a cierto tipo de instrumentos, hacer un portafolio un poco más conservador y menos volátil.

5. Rebalancear. Esto es esencial porque, como ya comentamos, los instrumentos tienen desempeño distinto en un periodo. Hay años en donde los precios de las acciones de empresas europeas suben significativamente, los commodities bajan y los instrumentos de deuda se mantienen sin cambio. Esos movimientos naturales van modificando la composición de nuestro portafolio y por lo mismo, su nivel de riesgo.

El rebalanceo implica simplemente volver a llevar el portafolio a sus porcentajes originales, que habíamos definido. Eso también quiere decir vender (tomar utilidades) en aquellos instrumentos que subieron más, y comprar aquellos que bajaron de precio (y por ende, están hoy más baratos). En el largo plazo, esto también ayuda a potenciar el rendimiento.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com