Agustín Carstens es un personaje altamente valorado por mucha gente. Tanto que cuando se especulaba antes de las elecciones del 2006 sobre la posibilidad de que fuera Secretario de Hacienda tanto con Calderón como con López Obrador, nadie se oponía al personaje.

Ya con Calderón en el poder y Carstens en Hacienda, las finanzas públicas resistieron muy bien los peligrosos movimientos políticos con los que Andrés López reaccionó ante la derrota.

Muy hábil negociador, reconocido mundialmente, imprudente en sus declaraciones a la prensa, Agustín Carstens consolidó las finanzas del país lo suficiente como para resistir con muy pocas consecuencias la gran recesión mundial que hoy, de hecho, causa estragos fiscales en no pocos países.

Este financiero se forjó en el Banco de México (Banxico); desde ahí le tocó estudiar, como Director de Análisis toda la crisis del 94-95. Está claro que es un pez en el agua en las finanzas internacionales.

De hecho, Carstens fue repatriado a México desde la Subdirección del Fondo Monetario Internacional (FMI) para ocupar la Secretaría de Hacienda.

Hoy quiere regresar por sus fueros.

Dejó de ser una especulación para convertirse en una propuesta formal del gobierno mexicano. El doctor Agustín Carstens Carstens busca oficialmente la posición que dejó vacante Dominique Strauss-Kahn.

El relevo del francés caído en desgracia es un ajedrez político internacional complicadísimo. Involucra tantos intereses que las jugadas tienen que ser perfectamente bien pensadas.

Por eso es imposible pensar que Agustín Carstens diría que tiene interés en dirigir el FMI o el precandidato secretario Ernesto Cordero en salir públicamente a respaldarlo,o el gobierno mexicano en postularlo, si no existiera una cierta dosis de certeza de que no se pierde el tiempo.

Hacia adentro, con la pobre clase política que tenemos, es obvio que habría un golpeteo político en contra del Gobernador del Banco de México y de la administración de Calderón por proponer así a este personaje que tanto batalló entre la oposición para convertirse en Gobernador del banco central.

Pero, ¿dónde estará esa certeza de que el mexicano tiene realmente posibilidades?

Europa, más que nunca, quiere que se respete la tradición de que el Director Gerente del FMI sea europeo. Y más cuando justamente muchos de esos países europeos son los que más necesitan de la ayuda financiera del Fondo.

Sólo que su candidata más visible es tan francesa como Strauss-Kahn, lo que no es impedimento. El problema es que la señora ministra de Finanzas de Francia, Christine Madeleine Odette Lagarde, enfrenta un proceso judicial que podría llevarla a la cárcel hasta cinco años.

Es por tráfico de influencias y la oposición francesa se encarga de hacer de esto un gran escándalo que crecerá más cuando la vean más cerca del FMI.

Éste es un punto que seguro se toma en cuenta al momento de pensar en Carstens. Otro es, sin duda, Estados Unidos.

El Gobernador del Banco de México y su largo colmillo insisten en que Estados Unidos tomó de manera neutral su designación, pero es imposible olvidar los enormes halagos que hace un par de días tuvo Ben Bernanke sobre la persona del mexicano.

Fue justo el día en que Strauss-Kahn era detenido cuando al entregar un reconocimiento al mexicano, el Presidente de la Fed se desvivió en palabras bonitas para Agustín. Y esto pesa mucho.

Ni Carstens ni Cordero ni el gobierno mexicano darían un paso sin huarache en este proceso tan complicado de sucesión del FMI. Aquí hay un cálculo que pasa por un análisis del costo de oportunidad del señor Gobernador.

La primera piedra

¡Qué mosca le picó a José Ángel Gurría, secretario general de la OCDE!, tan pronto como se enteró que Agustín Carstens sería propuesto como candidato a dirigir el Fondo Monetario Internacional salió corriendo a buscar una cámara de televisión para decir que él apoya a la ministra francesa Lagarde.

¿Habrá alguna historia que justifique por qué un mexicano no apoya a otro mexicano para ocupar un puesto tan importante?

¿Será que Gurría no quiere compartir el puesto de ser el mexicano más encumbrado en algún organismo internacional?

O, ¿simplemente nadie le avisó que su colega Carstens estaba detrás del puesto y se precipitó en declarar su amor a la francesa?