Un poco de libertad de escritura sería de gran utilidad.

Como cada mes, el Banco de México consulta a una treintena de analistas del sector privado sobre su visión y pronósticos de la economía mexicana en los meses por venir.

Y como en cada ocasión, hacen nuevos cálculos, lo mismo de la inflación que del PIB o del tipo de cambio o el número de empleos que se podrían crear.

Las estimaciones se van moviendo con base en la coyuntura. Al número que habían calculado en la encuesta del mes anterior le ponen o le quitan. Incorporan los datos publicados. En el caso del tipo de cambio, seguro se echan un volado para no dejar el espacio en blanco en la encuesta que les hace llegar el banco.

Banxico les pregunta también cómo se sienten ellos con el entorno económico financiero y elaboran con las respuestas un índice de confianza de los analistas, que sube y baja al mismo ritmo de los hechos coyunturales.

Un apartado que ha perdido toda efectividad es aquel que les pregunta a los expertos en economía sobre los principales factores que podrían obstaculizar el crecimiento económico de México.

De una veintena de posibles respuestas, los 32 grupos suelen elegir entre no más de tres o cuatro respuestas: debilidad del mercado externo y la economía mundial, ausencia de cambios estructurales en México, inestabilidad financiera internacional y problemas de inseguridad pública.

Por ejemplo, el mes pasado la debilidad externa concentró 28% de las respuestas y la ausencia de cambios estructurales, 20 por ciento. Así, entre estas dos se llevan la mitad de las explicaciones de lo que frena el desarrollo de este país.

Sólo que ésa ha sido la constante durante los últimos años. No ha cambiado la respuesta en todo lo que es posible ver de la gráfica que publica el banco central. Por lo tanto, ha dejado de tener utilidad este indicador ante lo predecible de la respuesta.

En la publicación reciente de esta encuesta entre expertos, el banco central ha hecho cambios importantes en la presentación del documento. Ahora, al momento de graficar las respuestas cerradas de los analistas, sombrea el intervalo de las consideraciones individuales. Esto, acompañado de un amplio e interesante anexo estadístico.

Esto permite descubrir que si bien hay un promedio, hay respuestas que merecen consideraciones muy disímbolas. Por ejemplo, en el pronóstico de la inflación para este año, las respuestas son tan abiertas que valdría la pena conocer los razonamientos individuales para ver por qué tanta discrepancia.

Pero en lo que hace al catálogo de lastres para la economía, quizá llegó la hora de cambiar la manera de pulsar la forma de sentir de esos 32 grupos de análisis y consultoría económica del sector privado nacional y extranjero.

El pronóstico de tasa de interés, por ejemplo, es un número. La inflación o el PIB, también. Estos datos se procesan y se promedian y ya está el resultado de la encuesta.

Pero en cuanto a lo que ellos sienten como una limitante, la opción debería ser una línea en blanco. Con instrucciones tan sencillas como decir: con un máximo de hasta 140 caracteres, exprese cuáles son los principales factores que pueden frenar el desarrollo de México.

Todos tienen experiencia en llenar 140 caracteres porque todos conocen Twitter y todos tendrían la opción de mandar hasta 20 diferentes respuestas si ése es su deseo. A la luz de la experiencia de la encuesta actual, cada grupo o analistas enviará dos o tres respuestas.

Y aprovechando que el Banco de México es un creyente de que el anonimato da la opción de una más libre expresión, como lo hace en sus minutas, podría garantizar que la publicación de las consideraciones no iría acompañada de la fuente.

Así alguien podría considerar que la explosión de Pemex o la corrupción en España o las amenazas opositoras a las reformas estructurales son ese punto de amenaza económica. Un par de hojas electrónicas más en la encuesta no le caerían mal al reporte y no implican ningún desperdicio de papel.

Es tan sencillo como esto. Los analistas publican informes para sus grupos o clientes con esas consideraciones, con esa claridad y a veces amplitud de decir qué les preocupa. Para los fines que persigue el banco central con su encuesta mensual, un poco de libertad de escritura sería de gran utilidad.

Quizá habría respuestas que no fueran políticamente correctas, pero ahí es donde el banco central debe determinar qué quiere, opiniones informadas y de utilidad o quedar bien con otros poderes.

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