Este año ha sido particularmente de sorpresas mundiales. Las tres más importantes son la caída del precio del petróleo, la insurgencia del Estado Islámico (EI)y las decisiones de Putin de anexión de Crimea y de forcejear con tambores de guerra parte de Ucrania. Los tres eventos significan la participación de los países líderes mundiales y el repliegue de todos los demás.

Con el petróleo ha ocurrido una redistribución de ingresos.La disminución de los precios significó una transferencia de recursos de los países productores a los países consumidores, equivalentes a 2% del PIB mundial. Los países de la OPEP, que representan 35% de la producción mundial, dejarán de percibir algo así como 330,000 millones de dólares.

Estos países petroleros y otros como Rusia ya están resintiendo las consecuencias en menores ingresos, lo que conduce a severos ajustes económicos.

Para los países consumidores, la baja de los precios del petróleo significa grandes ahorros. En el caso de Estados Unidos, equivale a un recorte de impuestos. Para China, por cada dólar que baje se ahorran 2,100 millones de dólares.

La expectativa de precios está determinada por el comportamiento de la demanda de energéticos, que se ha reducido a consecuencia del bajo crecimiento de la economía mundial. La oferta se ha elevado debido a la aplicación de nuevas tecnologías, fundamentalmente en Estados Unidos, que ha elevado su producción en 80% desde el 2008. La disminución de importaciones de EU equivale, en los años recientes, a la producción de Arabia Saudita y Nigeria.

Debido a que es previsible que la economía mundial siga las pautas de ahora con un lento crecimiento, la volatilidad de los precios del petróleo será una característica de cuatro a cinco años. A nivel de empresas, la evolución del mercado favorece a las grandes que tienen capacidad de resistir los impactos.

El Estado Islámico fue la otra sorpresa porque expresa el terrorismo más desalmado de estos años.

Con la coalición de más de 40 países liderada por EU y operaciones previsibles en tierra, lo más seguro es su aniquilación. Para ello se requiere no sólo de armas sino también de política. Rusia es un protagonista importante en el Medio Oriente para estabilizarlo y frenar el arma nuclear iraní; también Arabia Saudita y los países del Golfo, aunque inestables, que han jugado un papel importante en los equilibrios.

Pero independientemente de la eliminación del EI, lo que resulta nebuloso es lo que quedará después y lo que podrá hacerse. Hay una referencia que es paradigmática: la democracia en Túnez demuestra que se puede compartir el poder.

Rusia, que emergió bajo el liderazgo de Putin, ahora está en recesión. El rublo cae verticalmente; los ingresos gubernamentales se han visto afectados en 40%, lo que significa inflación y déficit fiscal, y los alimentos están por las nubes.

Según encuestas, los cinco factores que pusieron a Rusia en crisis son los siguientes: 1) las caídas del precio del petróleo; 2) las sanciones de EU y Europa; 3) los gastos para asimilar Crimea; 4) el apoyo a los independentistas de Donetsk y Lugash, y 5) la corrupción. Un 80% de los entrevistados considera que la situación empeorara y 60% no tiene ahorros.

Por todo el juego de víctimas y culpables, la guerra fría se reinició.