Estados Unidos podría no apoyar a Carstens sólo por temor a perder la Presidencia del Banco Mundial,

Desde la renuncia de Dominique Strauss-Kahn como Director General del Fondo Monetario Internacional (FMI) se ha desatado una interesante y polémica lucha por su sucesión.

La tradición y las reglas no escritas dictan que la Dirección del FMI le corresponde a funcionarios de origen europeo mientras que la Presidencia del otro organismo multilateral de importancia global, el Banco Mundial, le corresponde a un estadounidense.

La candidata del bloque tradicional europeo es Christine Lagarde, la actual titular del Ministerio de Finanzas de Francia, cuyas credenciales son intachables desde el punto de vista técnico. Adicionalmente, sería la primera mujer en la historia en encabezar ya sea el FMI o el Banco Mundial, lo cual sería políticamente correcto después del reciente escándalo y las acusaciones de que el FMI toleró ciertas conductas misóginas de parte de su exdirector.

Los que respaldan la nominación de Lagarde argumentan que hoy más que nunca es necesario el liderazgo de un europeo para poder enfrentar la delicada crisis económica que enfrentan varios miembros de la Unión Europea.

Sus partidarios consideran que además de sus amplios conocimientos técnicos, Lagarde tiene los conocimientos políticos necesarios para mantener la cohesión entre los miembros de la UE y el Banco Central Europeo (BCE) para empujar los planes de apoyo necesarios.

Sin embargo, la transformación de la economía global de una situación unipolar a una multipolar clama por un papel más preponderante para el mundo emergente en las instituciones multilaterales. Los países emergentes han desplazado a las grandes potencias económicas tradicionales como los principales motores del crecimiento económico global.

Asimismo, los países emergentes se han convertido en los principales proveedores de financiamiento a las atribuladas finanzas públicas de los países desarrollados. El bloque del mundo emergente tiene cada vez más razones y derechos para tener una mayor representación y liderazgo en las principales organizaciones financieras multilaterales.

Hoy más que nunca, la Dirección del FMI debería recaer en un representante del mundo emergente. Hoy más que nunca parecen huecos los argumentos de la nacionalidad europea como condición necesaria para la resolución de la crisis actual en la UE.

El FMI ha intervenido de manera exitosa en la resolución de diversas crisis financieras fuera de Europa.

Basta recordar las recurrentes crisis en América Latina en los años 80 y 90, la de Asia a finales de los 90 y la del bloque socialista a finales del siglo XX. El origen de su Director nunca jugó un papel determinante en dicha resolución.

El problema principal para la elección de un Director proveniente de un país del bloque emergente es la falta de homogeneidad y cohesión entre los mismos países emergentes. Esto contrasta de manera importante con el bloque de países desarrollados, incluido EU, que seguramente respaldará a Lagarde.

Las razones de EU podrían ser simplemente para no sentar un precedente que luego amenace su facultad no escrita de nombrar un Presidente del Banco Mundial estadounidense.

El actual gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, sin duda tiene las credenciales y la capacidad para tomar la Dirección del FMI.

Su nombramiento sería un triunfo para los países emergentes y formalizaría de cierta manera el nuevo orden económico mundial en el que los países emergentes juegan un papel primordial en el sistema monetario internacional.

Asimismo, las dolencias económicas actuales del mundo desarr

ollado son similares en muchos aspectos a las crisis recurrentes que vivió el mundo emergente durante el último tercio del siglo pasado. ¿Qué mejor que contar con alguien que ha vivido en carne propia situaciones similares?

Sin embargo, todo parece indicar que la elección de una nueva cabeza proveniente del mundo emergente tendrá que esperar y que Christine Lagarde será la nueva Directora del FMI mientras que Agustín Carstens y Stanley Fischer, gobernador del Banco Central de Israel, tendrán que esperar a una mejor ocasión.