En medio del ruido electoral, el Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC), un laboratorio de ideas de industriales mexicanos, que dirige el economista José Luis de la Cruz, les pide a los candidatos presidenciales definiciones en una agenda de 12 temas con respecto a la economía nacional. La agenda escapa de la simplista petición de mantener las mentadas reformas estructurales. De hecho no las menciona y pareciera sugerir que éstas no cambiaron las estructuras productivas de la economía mexicana, por lo que se requiere trascender la discusión sobre las mismas. Lejos del discurso trillado de conservar lo logrado y esperar que eventualmente las cosas cambien, se propone mantener los equilibrios, pero, analizar de manera crítica lo que sucede en la economía mexicana y plantear soluciones para lo que no funciona.

El primer problema que se identifica: la precariedad laboral. Ante el discurso oficial de haber creado empleos formales, se impone el dato de que sólo 1% de la población ocupada gana más de 10 salarios mínimos (26,000 pesos mensuales). Solamente 2.4% de la población ocupada gana entre 5 y 10 salarios mínimos. Casi 25 millones de mexicanos padecen pobreza alimentaria. Otro es la precariedad de las propias empresas. Durante el primer año desaparecen 33 de cada 100 negocios, en el décimo año desaparecen 25 de cada 100 iniciados. Cambiar esto requiere que la economía crezca, después de años de estancamiento, a tasas de alrededor de 5%, por medio de un cambio en el sistema productivo que genere valor agregado, por medio de la  innovación, absorción y generación de tecnología, y capital humano capaz de hacer frente a los desafíos tecnológicos. Eso permitirá que el país genere ventajas comparativas endógenas en sectores industriales en los que nos conviene participar por su potencial de crecimiento y generación de empleo de calidad.

El IDIC pide a los candidatos que se comprometan a alcanzar un crecimiento de 5% por medio de instrumentos como la inversión pública, el contenido nacional de las compras de gobierno, los encadenamientos productivos, la recuperación del papel de la banca de desarrollo, la política industrial para incrementar el contenido nacional de exportaciones, la mejora regulatoria y de la calidad del gasto público. La meta tendría que ser alcanzar al menos 50% de contenido nacional de las exportaciones. La principal propuesta que se pide a los candidatos es encontrar la forma de que la inversión productiva, no la especulativa,  alcance 35% del PIB, tasa similar a las economías asiáticas, ya que la de México es de solamente 21% y es una de las causas del escaso crecimiento del país. Para lograrlo la inversión pública debe de alcanzar, con finanzas públicas sanas, 10 puntos del PIB, seis puntos más que el promedio de los últimos años, y el monto del crédito de la banca de desarrollo tendría que ser de 8% del PIB.

El IDIC pide propuestas para incrementar la producción nacional de alimentos, frenar la inflación provocada por el incremento del precio de los energéticos e incrementar la productividad laboral, que apenas creció 0.4% anual en promedio. Se pide un plan de desarrollo industrial para enfrentar la competencia global, es decir una política industrial que no se limite a la apertura comercial. La única solución para que México pueda competir a escala global es que el gobierno propicie un entorno de alta competencia. Esos son los términos que convienen para discutir la economía mexicana en el contexto de la inversión. En lugar de pensar que lo correcto es defender, a toda costa, el modelo actual, lo que requerimos es un análisis crítico y propuestas concretas para generar crecimiento y empleo de calidad. Superar los dogmas del discurso de las reformas estructurales y de la mera apertura comercial.

Vidal Llerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.