El nuevo coronavirus acelerará los cambios geopolíticos que se observaban sobre el tablero de ajedrez antes de que azotara en el mundo.

La confrontación diplomática, extremadamente visible y por lo tanto peligrosa, entre Estados Unidos y China impactará en el mundo y echará abajo la esperanza de un G2 formado por las dos superpotencias del que se hablaba hace algunos años. “Creo que habrá una enorme ruptura entre Estados Unidos y China. Donald Trump seguirá hablando del virus chino. Los impulsos proteccionistas y el sentimiento antichino se incrementarán en Estados Unidos y el comercio se desplomará. A la inversa, crecerá el antiamericanismo en China”, asegura Gideon Rachman, analista de política internacional del periódico británico Financial Times (revista El País Semanal, 31 de mayo).

Frente a la acción de haber encubierto la magnitud del impacto del nuevo coronavirus, cuyo epicentro inicial fue Wuhan, China ha tratado de resarcir los efectos negativos en su imagen a través de la diplomacia del cubrebocas.

Paul Fraioli, especialista en geopolítica en el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres, comenta: “El Partido Comunista Chino ha lanzado una furiosa campaña para promover su respuesta al virus, para culpar a otros por la emergencia y para promover su entrega de material médico a países en dificultades” (El País Semanal).

Ante los países que lo han criticado, el Gobierno chino no ha escondido sus dientes. Muy atrás queda la estrategia de “esconder nuestras capacidades y esperar nuestro momento” que predicaba el reformista Deng Xiaoping. Ahora, existe un conjunto de diplomáticos chinos más combativos, nacionalistas y descarados que no dudan en responder de manera inmediata a sus críticos.

Algunos ejemplos: el embajador Cheng Jingye amenazó con boicotear los productos australianos porque el gobierno del primer ministro Scott Morrison desea que se impulse una investigación independiente sobre el origen y la propagación de la pandemia. La amenaza pasó a la realidad. China rechazó cuatro embarques de carne e impuso aranceles de 80% a la cebada australiana.

En Francia, cuando crecía el azote de la pandemia un diplomático chino acusó al gobierno de Macron de “dejar morir” a sus mayores.

Zhao Lijian, vocero del Ministerio de Exteriores, se ha convertido en el estratega que le ha dado un vuelco a la comunicación diplomática. El mundo lo conoció cuando acusó a Estados Unidos de llevar el virus a Wuhan.

Del otro lado se encuentran los amigos

En México han aterrizado al menos 15 vuelos provenientes de Shangai cargados con material sanitario como cubrebocas, pruebas médicas del nuevo coronavirus y respiradores. El secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, ha publicado en su cuenta de Twitter los detalles de cada uno de los vuelos de Aeromexico que regresan de China cargados con el material.

La diplomacia del cubrebocas también la ha desplegado el gobierno de Xi Jinping a Serbia, Italia, Libia, Filipinas y la República Checa, entre otros.

Las instituciones internacionales surgidas tras la Segunda Guerra Mundial de las que Estados Unidos fueron sus principales impulsores, están en cuarentena. Un ejemplo es la ONU con su escasa participación en la actual crisis.

Frente a la desolación que genera este escenario, el mundo observa con pasmo la confrontación entre Estados Unidos y China.

El momento que mejor representa esta confrontación es la decisión que tomó el presidente Trump el viernes pasado: abandonar la Organización Mundial de la Salud por su supuesta complicidad de este organismo con el gobierno chino. Plantear la hipótesis resulta legítimo, pero abandonar el organismo sin tener los resultados de la investigación, no es serio.