En su versión clásica, la serie que conocimos en México como la Dimensión Desconocida fue creada por Rod Serling en 1959. Serling se había visto en aprietos tratando de llevar a la televisión de la “edad de oro” una guión dramático que denunciaba el racismo y se sumaba de alguna manera a la lucha del Movimiento de los Derechos Civiles estadounidense.

“El papel del escritor es amenazar la conciencia pública”, dijo en una en-trevista, “Él debe tener una posición, un punto de vista. Debe ver las artes como vehículo de crítica social y enfocarse en los temas de su época”.

Serling había recorrido un largo camino. Iniciándose en la radio de la posguerra y enfrentando con tesón una atmósfera mediática competitiva. En 1955 uno de sus guiones para el teatro televisivo Kraft le cambió la vida. El e-pisodio enfrentaba a un jefe corporativo estancado al joven ejecutivo, brillante y ambicioso que quería reemplazarlo. La crítica lo llamó uno de los puntos más altos de la evolución del medio.

Serling fue solicitado para todo tipo de producciones, pero veía sus conceptos modificados una y otra vez para complacer a patrocinadores comerciales o a los censores que defendían “el bienestar de los espectadores” en plena era McCarthy.  Serling decidió crear su propio programa. “Ya no quiero pelear más” dijo, “no quiero tener que conformarme con lo que me dejan hacer. No quiero ceder todo el tiempo cuando abordo temas controvertidos”.

Su respuesta fue un guión de corte fantástico con final sorpresivo que fue bien recibido por el público. CBS estaba complacida y dejó a Serling continuar su proyecto para The Twilight Zone. Una serie antológica que abordaba los problemas sociales en un sentido lúdico y simbólico. Una estructura popular en los cincuenta donde proliferaron series como Science Fiction Theatre, Dimension X y Tales of tomorrow).

La serie tuvo cinco temporadas, ganó muchos premios con aplauso de críticos y público. En 1964 fue cancelada y Serling le vendió los derechos a la cadena. El concepto resurgió brevemente en 1983 con una película que incluía cuatro episodios (dirigidos por Joe Dante, John Landis, George Miller y Steven Spielberg). Punto de partida para revivir la serie. Después de rechazar ofertas del equipo de Serling y de Francis Ford Coppola, CBS llevó las riendas y la nueva versión duró cuatro años, sin alcanzar la popularidad de la original.

UPN intentó revivirla nuevamente en 2002 con dos historias de media hora por episodio y Forest Whitaker como narrador. Algunos episodios fueron remakes directos de guiones de Serling. La idea no cuajó y el tercer intento murió después de una sola temporada.

Sin embargo, The Twilight Zone seguía teniendo un seguimiento de culto entre muchos creadores de Hollywood. A lo largo de los años se barajaron nombre y proyectos la revivirían (desde Bryan Singer, antes de caer en desgracia, hasta Ken Levine, que proponía una versión interactiva). Sin embargo, fue Jordan Peele, recién salido de Key y Peele quien se quedó con el timón, en el mismo año en que escribió y dirigió Get Out (y fue nominado al Oscar).

Peele desarrolló esta cuarta encarnación para CBS All Access. La versión de streaming de la televisora, ya posicionada con producciones exclusivas de calidad como The Good Fight y Star Trek Discovery. La oferta para Peele y su equipo fue atractiva, y en una plataforma no sólo libre de censura, sino activamente política y crítica al gobierno. La nueva Twilight Zone tiene ventajas que Serling nunca tuvo.

¿Cumple con las expectativas? Muchos dicen que no. En su reseña para The Atlantic, Sophie Gilbert aborda la ferocidad con que las voces influyentes de las redes sociales han despedazado a los usuarios que se atreven a criticar la serie: “The Twilight Zone siempre fue política, Serling siempre tuvo algo que decir sobre el mundo...pero envolvía sus ideas en alegorías para evitar a los censores y decir lo que quería sobre el totalitarismo, la histeria colectiva, la intolerancia, egoísmo, las teorías de conspiración y el odio. Las moralejas eran clarificadas por el narrador. Era una suerte de Esopo del siglo veinte.”

Para Gilbert la nueva versión falla en casi todo: Es predecible, larga, le falta oscuridad y no penetra en la psicología humana. No consigue superar lo que Black Mirror (serie británica inspirada curiosamente en The Twilight Zone) ya estaba haciendo hace unos años.

La psicología de las limitaciones ha argumentado desde hace tiempo que las restricciones hacen que la creatividad florezca. ¿Será esta nueva libertad, sin censura, la que paradójicamente ha dejado los mensajes de los nuevos episodios a medio camino entre lo obvio y lo forzado?

Es  pronto para concluir que la nueva Twilight Zone no está a la altura del legado de Serling. Hay elementos prometedores: la creación de un mundo y la interconexión entre episodios llenos de easter eggs. Estos nuevos episodios tienen sus defectos, pero parecen dominar los principios que estudió Frank Rose en su libro The Art of Immersion: la manera en atraer, involucrar y envolver al público volviéndolo partícipe de los juegos, claves interreferenciales y secretos.

@rgarciamainou

RicardoGarcía Mainou

Escritor

Las horas perdidas

Estudió Ciencias de la Comunicación con especialidad en Radio y Televisión Educativa en la Universidad de las Américas Puebla.

Ha escrito, editado, traducido y diseñado para diversas publicaciones literarias, periodísticas y especializadas: locales y nacionales (Libros de México, Revuelta, De viaje, Cinéfila, La masacre de Cholula, etc.).