Hace algún tiempo, el banco le avisó que estaba llegando al límite autorizado de su tarjeta de crédito y que no sería posible ampliar su línea disponible. Le aconsejaban reducir sus gastos para que no tuviera problemas con sus finanzas personales.

Pero usted no escuchó al banco y siguió pagando todo con el plástico, la renta, la colegiatura, la comida, todo. Bien, pues llegó el día en que alcanzó el tope y ya no tiene crédito disponible para los gastos de la próxima quincena.

Nadie le quiere prestar porque saben que todo lo que gana está comprometido y ninguno desea bajar sus gastos. Lo que tiene es un verdadero problema.

¡Qué bueno que usted no debe 14.2 billones de dólares como Estados Unidos!

Si alguien escribiera una película de terror basada en hechos económicos, el clímax tendría que ser cuando la economía más grande del mundo deja de pagar lo que debe. Lo que hasta ahora se ha mantenido en el terreno de las teorías podría convertirse en una terrible realidad.

El Congreso, de mayoría republicana, no parece tener planes de acceder a un incremento en el techo de la deuda estadounidense si no recibe a cambio compromisos de recortes muy drásticos del gasto por parte del gobierno demócrata.

Lo curioso es que, de acuerdo con una encuesta de la firma Gallup, sólo 19% de la opinión pública de ese país respalda el hecho de que el Congreso aumente el techo de endeudamiento de Estados Unidos, contra 47% que se opone a esa posibilidad.

El problema es que si los mercados enfrentan un hecho tan traumático como formarse en la ventanilla de pago de las deudas estadounidenses y reciben por respuesta un debo no niego, pago no tengo , seguro que el pánico se apoderará de más de uno.

El límite de endeudamiento ya se alcanzó, pero el gobierno de Estados Unidos tiene todavía de aquí al 2 de agosto para declararse en problemas de pago.

La consecuencia de no cumplir con las expectativas de pago del mercado podría ser un disparo en las tasas de interés y con ello un freno brusco del pobre proceso de recuperación económico.

Si los tenedores de papeles de deuda estadounidense se agolpan en la puerta a pedir su dinero, China por delante, van a provocar un incremento muy fuerte en las tasas de interés, hasta un punto donde se queden conformes con el premio a obtener y se sienten a esperar sus ganancias.

Hay analistas que calculan que un freno de 1% del Producto Interno Bruto, como consecuencia de esta situación, podría provocar la pérdida de más de 700,000 empleos y una evidente doble recesión.

Los republicanos no han dicho que no a aumentar el techo de la deuda pública. Simplemente quieren ver cómo los demócratas aceptan hacer recortes muy drásticos al gasto, de esos recortes que dejan huella electoral, para entonces aceptar endeudarse más.

Y tienen toda la razón. Aceptar más deuda sin un compromiso de recorte al gasto o de aumento de los ingresos sería postergar el problema. Sólo que los recortes que quieren ver del régimen de Barack Obama pasan por los subsidios agrícolas o los planes de servicio médico.

Así como los deudores de tarjetas de crédito tienen que soportar las llamadas de los despachos de cobranza mañana, tarde y noche, de la misma forma Estados Unidos tiene que escuchar las quejas del mercado, que no entiende cómo la economía más grande del mundo tuvo que llegar tan bajo en sus finanzas.

La primera piedra

Desde las épocas de la posguerra, Estados Unidos y Europa hicieron un trato: la Presidencia del Banco Mundial para un estadounidense y la del Fondo Monetario Internacional para un europeo.

Sólo que no contaban con que dos de los personajes más destacados que encabezaban estas instituciones terminarían sus mandatos en medio del escándalo.

Hace cuatro años, Paul Wolfowitz tuvo que dejar la Presidencia del Banco Mundial en medio del escándalo provocado por el acenso y alto sueldo de su novia, quien casualmente trabajaba en esa institución.

A Dominique Strauss-Kahn ya le habían perdonado una infidelidad en el 2008 porque al final es francés, pero una violación es un delito muy grave que merece castigo.

Al Banco Mundial llegó un estadounidense que hasta la fecha no se ha metido en escándalos, Robert Zoellick.

Si para el Fondo Monetario Internacional no encuentran algún europeo de modales recatados, deberían voltear hacia los excelentes financieros del mundo emergente.