A principios de esta semana, China publicó sus cifras de actividad económica para el tercer trimestre del año. El crecimiento del PIB del tercer trimestre, medido contra el mismo trimestre del 2020, fue de 4.9 por ciento.

Dicha cifra estuvo por debajo de las expectativas de mercado que se ubicaban en 5.2% y representa una considerable desaceleración con respecto a las cifras de los dos trimestres anteriores.

La desaceleración es principalmente atribuible a la debilidad en la demanda doméstica, especialmente en el sector inmobiliario mientras que el sector exportador mantiene un robusto ritmo de recuperación.

La debilidad en la demanda doméstica está, en su mayoría, relacionada con dos factores clave: una crisis de escasez de energía eléctrica y una serie de políticas implementadas por el gobierno para ejercer un mayor control sobre ciertas actividades.

Desde hace algunos meses, el aumento en la demanda de electricidad –impulsado por la reactivación de las cadenas de producción integradas al sector exportador– ha venido superando la capacidad de producción.

La situación ha llegado a tal punto que, durante septiembre, más de la mitad de las provincias en China se vieron forzadas a instrumentar estrategias de racionamiento en el consumo de energía eléctrica.

Algunas ciudades en el noreste de China han sufrido apagones mientras que un sin fin de industrias han sufrido cortes intermitentes en el suministro de electricidad.

Para algunos expertos, China enfrenta su peor crisis eléctrica en más de una década.

China está en medio de una transición energía hacia fuentes de generación más sustentables. En la actualidad, 70% de la electricidad en China es generada con carbón. Los precios del carbón los establece el mercado mientras que los precios de la electricidad están regulados por el gobierno.

El precio del carbón, al igual que el de muchas materias primas energéticas, ha aumentado considerablemente y el gobierno se tardó en ajustar los precios de la electricidad.

Muchas plantas dejaron de comprar carbón caro y ahora han agotado sus inventarios de carbón barato. El recrudecimiento de esta crisis eléctrica ha llevado al gobierno a tomar iniciativas para incrementar la producción de carbón y liberar los precios de venta de electricidad generada con carbón que se han incrementado casi 20 por ciento.

Estas medidas deben contribuir a mitigar la crisis eléctrica pero el alivio podría tardar meses. Mientras tanto, en el frente político, el gobierno de China ha tomado medidas regulatorias en diversas industrias para, en algunos casos ejercer un mayor control y en otros como el sector inmobiliario, limitar la especulación.

Los cambios regulatorios han sido amplios, afectando a diversos sectores clave incluyendo a: tecnología, entretenimiento, transporte, educación, y servicios financieros, entre otros.

Este apretón regulatorio, que ha costado miles de millones de dólares en términos del valor de mercado de las principales empresas en estos sectores, tiene como propósito fortalecer el control del gobierno en diversos aspectos de la vida diaria. En el caso del sector inmobiliario, el gobierno ha impuesto medidas para desactivar una creciente burbuja especulativa en dicho mercado.

La burbuja comenzó en el 2020 después de que el banco central implementó medidas de política monetaria de emergencia que generaron una gran ola de liquidez. Las restricciones impuestas por el gobierno limitan la obtención de financiamiento hipotecario y la compra de propiedades.

Estas medidas han provocado una fuerte desaceleración en un sector que representa 28% del PIB. Por ahora, el gobierno chino parece estar dispuesto a pagar el precio de un menor crecimiento a cambio de un mayor control y más estabilidad. Será interesante ver hasta dónde está dispuesto el gobierno de China a llevar este trade off.

En el caso del sector inmobiliario, el gobierno ha impuesto medidas para desactivar una creciente burbuja especulativa en dicho mercado.

joaquinld@eleconomista.mx

Joaquín López-Dóriga Ostolaza

Socio Director de EP Capital, S.C.

Sin Fronteras

Joaquín López-Dóriga Ostolaza es Socio Director de EP Capital, S.C., una consultoría especializada en fusiones y adquisiciones fundada en 2009.

Es egresado de la Licenciatura en Economía de la Universidad Iberoamericana, donde se graduó con mención honorífica y el promedio más alto de su generación. Cuenta con una Maestría en Economía de la London School of Economics, donde fue distinguido con la Beca British Council Chevening Scholarship Award.

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