El lunes de esta semana China anunció por primera vez en ocho años un recorte en sus proyecciones de crecimiento económico, reconociendo que las tasas de crecimiento por arriba de 10% a la que nos tenía acostumbrados no son replicables hacia delante.

En concreto, el premier chino Wen Jiabao revisó su objetivo de crecimiento para el 2012 a 7.5%, cifra que representa la expectativa oficial más baja desde el 2004 y que además está por debajo del consenso de expectativas de mercado de 8.5 por ciento.

La economía china ha crecido a una tasa anual promedio cercana a 10% durante las últimas tres décadas, pasando del lugar 11 al dos en el escalafón económico global - mientras tanto, México ha caído del lugar 10 al 13.

El anuncio oficial de una menor expectativa de crecimiento no constituye una sorpresa mayor, sin embargo, la magnitud de la desaceleración sí provocó desconcierto entre algunos observadores. No obstante, no podemos dejar de mencionar que la economía china casi siempre crece por arriba del objetivo oficial que durante los últimos 6 años se había ubicado en 8% -en algunas ocasiones de manera considerable- y que la cifra probablemente se ubique más cerca de 8.5% esperado por el mercado.

Sin embargo, el anuncio le ha dado aliento a las voces que desde el 2007 vienen pronosticando una importante desaceleración de la economía china. Aunque dicha desaceleración importante no se ha materializado, las voces que pronostican este escenario se han venido incrementando - entre ellos Nouriel Roubini, catedrático de NYU, ampliamente conocido en los círculos económicos por su visión pesimista y atinadísimo pronóstico de la peor recesión desde 1930.

Para Roubini, el modelo de crecimiento chino está en un proceso de agotamiento que debe resultar en una desaceleración en el crecimiento de los niveles recientes de 9-10% a un rango de 5-6% a partir del 2013. Durante varios años, el principal motor de crecimiento de la economía china fueron las exportaciones.

Conforme el motor exportador ha perdido vigor, dada la desaceleración económica de los principales consumidores de productos chinos, y la pérdida de competitividad del sector exportador chino, la inversión pública ha tenido que jugar un papel cada vez más creciente para impulsar la economía. Aunque uno de los objetivos principales del gobierno chino ha sido impulsar el consumo doméstico como motor de crecimiento -como enfatizó el Primer Ministro chino en su anuncio- la realidad es que los consumidores chinos mantienen una baja propensión a consumir y un alto nivel de ahorro a pesar del crecimiento en el ingreso disponible. Esto ha provocado que el desarrollo de la economía china sea cada vez más dependiente de la inversión.

La participación de la inversión fija bruta se ha incrementado de 42 a 50% del PIB en los últimos cuatro años, comparado con 30% para otras economías en desarrollo. Para el catedrático de NYU, el problema principal es uno de retornos decrecientes. Roubini argumenta que ningún país puede reinvertir 50% de su PIB en infraestructura y otros bienes de capital sin provocar un problema de sobrecapacidad y retornos decrecientes.

En palabras sencillas, ¿cuántas más carreteras, puentes, trenes, aeropuertos, puertos y túneles se pueden construir sin crear elefantes blancos? El argumento principal de Roubini es de libro de texto de economía, el retorno marginal del capital es decreciente y el ritmo descomunal al que china ha venido invirtiendo hace que los retornos decrecientes lleguen muy rápido.

El reto principal para China es desplazar la carga del crecimiento de la inversión al consumo interno y esto requiere forzosamente un aumento en la propensión a consumir de sus ciudadanos, acompañado de una reducción en la tasa de crecimiento de la inversión fija bruta y una apreciación de la moneda.

Este cambio de paradigma tendrá implicaciones importantes para la economía global. Si China es exitoso en este cambio, los grandes exportadores de materias primas -como Brasil, Australia y Canadá,- que se han beneficiado del boom de infraestructura que ha convertido a China en el principal consumidor de materias primas en el planeta- podrían verse afectados. Por otro lado, los países que exportan bienes de consumo y servicios deberían ver un beneficio tangible.