Previsiblemente, ante la pregunta de si la depreciación del peso mexicano afectará el crecimiento económico, la respuesta que se esperaría del expresidente Luis Echeverría sería: Ni nos perjudica ni nos beneficia, sino todo lo contrario . En contrario, si la pregunta se le planteara a un observador cuidadoso, la respuesta tendría que ser muy prudente y matizada.

Un ángulo de aproximación diferente para esa pregunta sugeriría involucrar a los afectados. En otras palabras, ¿esa depreciación es benéfica o perjudicial para quién o para quiénes? Lo que debe ser evidente es que habrá perjudicados y beneficiados. Ahora bien, el balance entre ambos y su impacto neto sobre el crecimiento es muy difícil de predecir.

Evidentemente, un tipo de cambio más depreciado es potencialmente favorable para todos los exportadores del país, ya sea de bienes o servicios. A manera de ejemplo, los productores agrícolas que envían sus cosechas a Estados Unidos pueden ganar en competitividad al generar la devaluación un abaratamiento de su producto para el consumidor estadounidense. Alternativamente, si eleva su precio en pesos como reflejo de la nueva paridad, puede ver que se amplía su margen de utilidad.

Sin embargo, en la economía mexicana no todos son exportadores o receptores de remesas familiares. En particular, la depreciación afectará a los importadores y a los consumidores de productos importados. Los primeros tendrán que pagar más caros los bienes o insumos que adquieran de fuera. Los segundos verán que se encarece su canasta de consumo al menos por lo que se refiere a los satisfactores del exterior. Desde luego, los viajeros que salen al exterior tendrán que meter su mano más hondo en el bolsillo, en tanto que México se volverá más atractivo para los visitantes extranjeros. Un caso particularmente importante es el de los fabricantes locales que utilizan insumos de importación o maquinaria externa. Se trata de un grupo muy numeroso e importante que pesa mucho en el país.

Finalmente, ¿qué puede decirse de los asalariados? Si el tipo de cambio se queda donde está y no regresa pronto a niveles menos subvaluados, lo que cabe esperar, con todo el dolor de mi corazón, es que los salarios sufran deterioro en términos reales. Ello, en la medida en que los precios internos de los bienes comerciables se ajusten al alza para emparejarse con los del exterior, impulsados por el arbitraje del comercio internacional.

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