Advertir de los riesgos que enfrenta la democracia es el tema central de la discusión política global. Yascha Mounk lo hace estupendamente en su libro cuyas reseñas aparecen en todos los medios importantes de ese Estados Unidos. La creciente desigualdad y la falta de instrumentos de los gobiernos para atender a los ciudadanos, por el exceso de organismos de política pública autónomos del ejecutivo, generan apoyo a plataformas políticas autoritarias como las de los presidentes de Estados Unidos, Hungría o Polonia. Eso pone en riesgo la naturaleza liberal, es decir garantista de los derechos de esos países, de sus democracias.

En México la situación es, hasta cierto punto, diferente. La creciente desigualdad es, por supuesto, también un problema como lo es que los gobiernos tengan cada vez menos instrumentos para atender las demandas ciudadanas. Sin embargo, el problema central de la democracia mexicana es justo que no es liberal, no lo ha sido y, peor aún, el gobierno se empeña, casi de manera confesa, en que no lo sea.

El mayor riesgo que enfrenta hoy la democracia mexicana es Peña Nieto y su absurda estrategia de hacer todo lo posible por ganar una elección que tenía, de antemano, perdida.

A nadie la queda duda de que la decisión de regresar al Bronco a la boleta fue tomada con la intención de tratar de dividir el voto y generar un escenario como la elección del Estado de México.

En la lógica priista, esa elección muestra que si se está dispuesto a romper los límites, entonces incluso podría arrebatar la presidencial. Se trata del mismo tribunal que le regresó al PRI la gubernatura de Coahuila y el que le ha perdonado al Verde haber violado cuanta prohibición electoral existe.

El tribunal que debe ser la instancia que controle la legalidad de los actores electorales, sirve para neutralizar al INE, justo cuando hace su trabajo de verificar que los postulantes cumplan los requisitos. El número de candidatos presidenciales se decide en Los Pinos y con la lógica de mantener el poder, faltaba más.

Los ataques al carácter liberal de nuestra democracia han sido la constante de este gobierno. Decenas de miles de millones de pesos, varias veces más de lo presupuestado, se gastan en publicidad oficial, que eventualmente se convierte en control de las líneas editoriales.

La libertad de prensa no es plena cuando la sobrevivencia de no pocos medios depende de la compra de publicidad oficial. Por eso no es extraño que la principal periodista radiofónica del país fue despedida después de haber hecho pública una investigación de corrupción que implicaba directamente al presidente.

Tampoco se pueden ejercer los derechos democráticos cuando los aparatos de seguridad se utilizan para espiar a las personas que son incómodas al gobierno, en un hecho plenamente documentado por la prensa internacional, del que no existen, hasta el momento, responsables.

La democracia tampoco es liberal, y está en riesgo, cuando la procuración de justicia se utiliza para intervenir en una elección.

Es verdad que el candidato Anaya no puede explicar el origen lícito de su fortuna (el Frente está conformado por personas muy hábiles en el negocio inmobiliario), pero es evidente que las estrategias, tiempos y formas de utilizar la información de la PGR tienen el fin de que el candidato del gobierno, el claro tercer lugar, pueda alcanzar siquiera el segundo.

Corremos el riesgo de que el gobierno se siga equivocando y juegue a construir un escenario similar al del Estado de México. Es verdad que las probabilidades de que esa estrategia tenga éxito son escasas, pero el daño a la democracia mexicana puede ser considerable. De hecho, ya lo es, casi inevitablemente después de las elecciones tendrá que renovarse el tribunal electoral, que ha perdido toda credibilidad.

La tentación del fraude patriótico, de hacer trampa para que no llegue al gobierno un proyecto distinto al que ha dominado al país en los últimos años, es en realidad el único factor que puede generar inestabilidad y, por tanto, convertirse en un riesgo para la sociedad y la economía nacional.

Lo que sucedió esta semana, que llevará a un delincuente electoral casi confeso a la boleta, muestra cómo, desde Los Pinos, todavía piensan que el poder no se disputa en las urnas, que se tiene que arrebatar.

VidalLlerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.