Desde hace décadas los políticos mexicanos, junto con los intereses creados, nos han impedido tener un adecuado esquema de finanzas públicas que atienda simultáneamente sus tres componentes: impuestos, gasto público y deuda. Dejando de lado la integralidad de éstos, durante décadas nos hemos pasado discutiendo sobre dichos componentes de manera separada. De los 70 a los 90, la deuda del gobierno era el motor que impulsaba los esfuerzos para mejorar la posición fiscal de México. En los últimos 20 años han sido los impuestos el tema central del debate. A partir de la segunda alternancia que hoy nos gobierna, hemos concentrado la discusión y el análisis en el tema del presupuesto. Bajo esta dinámica, las clases medias, principal sostén del gobierno, sienten una constante amenaza a su calidad de vida mientras los grandes capitales acuden a las mejores estrategias fiscales para no pagar lo suficiente, al mismo tiempo que las clases menos acomodadas continúan a la espera de que sea el gobierno quien las saque del subdesarrollo.

Sustentada en la alta tecnología, la integración de las cadenas de valor y el apoyo de los gobiernos, la economía mundial enfrenta el desafío de la reactivación. En nuestro caso, la limitación de las herramientas para implementar políticas económicas contracíclicas es evidente. En buena medida, ha sido la irresponsabilidad demostrada en décadas anteriores la causante de esta falta de margen en los instrumentos de política fiscal que permitan apoyar a la economía en este momento de estancamiento. Nuestro arsenal está limitado sólo a la política monetaria que, de forma ejemplar, coordina el Banco de México. No obstante, no todo puede ser inyección de liquidez a los mercados, así como manejar tasas de interés y atender el tipo de cambio. En estos momentos de parálisis económica se hace indispensable que la política fiscal sirva como motor de impulso para la planta productiva. Sin embargo, la realidad se impone ante lo limitado de los instrumentos.

La lógica de los impuestos sigue entrampada en el hoyo de que sólo unos cuantos sean los que paguen en medio de una falsa ideología que cree que la salida a nuestros problemas sociales está en el aumento del ISR; en donde dizque los que más tienen sean los que paguen más dejando del lado la progresividad del IVA, por ejemplo, o manteniendo el marasmo burocrático que significa pagar impuestos en México. Por el lado de la deuda, el gobierno, sin pedir préstamos, está aumentando peligrosamente el empréstito porque la economía no crece, llevándose 15% del presupuesto anual por concepto del pago de intereses. Y finalmente, el gasto público no alcanza a cubrir el constante ascenso del monto de las pensiones, los intereses de la deuda y la interminable lista de programas sociales que durante años se acumulan en el presupuesto, sin el soporte fiscal correspondiente. Es urgente discutir los impuestos, el gasto y el uso de la deuda de manera conjunta e integral, so pena de ver a nuestros gobiernos ahorcados financieramente hablando.

@DrCarlosAlber10

Carlos Alberto Martínez

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC de Monterrey. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaría de Hacienda, en Washington, DC y en la Presidencia de la República. Actualmente estudia el doctorado en Filosofía con investigaciones en el campo de la ética y la economía. Autor de libros en historia económica, regulación financiera y políticas públicas.

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