“Yo dibujo a una ninja que está armada, y mata a todos a su alrededor, luego la dibujo parada sobre charcos de sangre.”

Las formas más comunes de violencia dentro del hogar, en contra de niñas, niños y adolescentes son la violencia (golpes como medida disciplinaria), el maltrato psicológico y el descuido, que según información de distintas fuentes recopilada por el informe de Unicef (2016), el grupo más vulnerable son los menores de entre 3 y 9 años de edad. No es que los más pequeños no sufran de violencia, es que falta mejorar los métodos de recolección de información.

Los principales agresores sexuales de mujeres a partir de los 15 años son primos o tíos.

Si volteamos a ver las cifras en las escuelas, la violencia psicológica y el robo ocupan los primeros lugares, siendo los compañeros los principales agresores.

La violencia del crimen organizado ha dejado a más de 30,000 menores sin padres, según el informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, pero también esa violencia le arranca la vida a más de tres menores al día.

Solucionamos los conflictos de tránsito a gritos, insultos, patadas o con una pistola si es que la traemos. Llenamos nuestras casas con armas para defendernos del hostil exterior aún cuando la estadística asegura que es más probable que esas armas terminen dañando a alguien de la familia. Humillamos al otro como acto instintivo para proteger nuestro frágil ego. Ofendemos, nos creemos dueños del otro, dueños del cuerpo de una mujer desconocida a la que puedes tocar si es que se te antoja, dueño de la voluntad de un menor porque tiene que obedecer y respetar a sus mayores (sin importar cuán imbéciles sean estos mayores), dueños del tiempo de las personas con menos recursos porque “para eso le pago”. Cuando tenemos miedo gritamos, y en este país todos vivimos con miedo.

“Yo también dibujo, dibujo a una ninja que está muy enojada y mata a todos los que están a su alrededor”, me platicó una menor de edad.

“¿Y qué podemos hacer para que esa ninja deje de estar enojada?”, pregunté desde mi infinita ignorancia.

“Es que mi papá golpeaba a mi mamá, la dejó en coma dos veces, y a mi también me golpeaba. Dibujo a la ninja parada con sus armas sobre charcos de sangre”.

Pero tiene razón el gobernador de Coahuila, cuando un niño de 11 años toma dos armas y asesina, la influencia es de los videojuegos.

(La leyenda escrita en la playera del menor, no hacía referencia a un videojuego, emulaba a uno de los asesinos de la masacre de Columbine.) Pero siempre será más fácil encontrar culpables que voltearnos a ver, aún así, nada cambia: cuando es un menor quien asesina, los culpables somos todos.

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Pamela Cerdeira

Periodista, conductora, locutora, escritora y comunicadora mexicana

Columna invitada

Periodista, conductora, locutora, escritora y comunicadora mexicana. Conduce el programa "A Todo Terreno" en MVS Radio. Ha escrito para diversas publicaciones y trabajado en distintos espacios en radio y televisión.