Como agentes económicos que intercambiamos el valor de nuestros servicios prestados a un tercero en el mercado de trabajo, por recursos para consumir e invertir, constantemente, debemos enfrentar una serie de decisiones que se ven influidas muchas veces por cambios en nuestro ámbito familiar o en lo personal, por el gobierno y sus decisiones, así como por decisiones de las empresas.

En este enero, todos enfrentamos un nuevo entorno fiscal que ha disminuido para algunos el monto de recursos líquidos de los que disponen para sus decisiones, mientras que para muchos otros ha encarecido una serie de productos que utilizan en su vida diaria, desde el transporte y el costo de la vivienda, hasta el precio de la canasta básica de consumo. Todo lo anterior, de nueva cuenta, obliga a tomar decisiones sobre qué terminamos consumiendo, así como las cantidades que utilizamos.

Para muchos otros, la cuesta incluye un aumento en el monto de recursos dedicados al pago de pasivos, contraídos para complementar o ampliar la canasta de consumo para celebrar las fiestas y disfrutar las vacaciones de fin de año, y para otros, la cuesta simplemente representa el tener que buscar otra fuente de ingresos.

De cualquier manera que se le vea, la cuesta de enero resulta terrible y, si ante esto los medios de comunicación nos transmiten día con día notas poco esperanzadoras acerca del presente y el futuro, la situación tiende a hacerse más tensa y a causar más estrés para muchas personas.

Es cierto que vienen tiempos mejores, simplemente que nadie tiene la certidumbre respecto de qué tanto va a mejorar su situación ni del momento en que esto pasará, por lo que luego de un lapso de malas noticias y muchas promesas, el escepticismo tiende a aumentar.

El margen de acción de gobierno se ha agotado y no queda más que acelerar algunos procesos cuyo control no depende totalmente de él, sino de terceros.

En este espacio existe la posibilidad de enviar noticias relativamente buenas a algunos agentes mediante la rápida reactivación de programas de gasto, muchos de los cuales hemos mencionado que no son del todo eficaces, pero ante el abrumador paso del tiempo no fue posible revisar las reglas de operación y habrá que seguir con lo mismo, cruzando los dedos para que la gente reaccione, cambie su actitud ante el entorno y finalmente decida ponerse a trabajar. Así habremos vencido la cuesta de enero.

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