Estimulados por las circunstancias alrededor de las que vivimos, los antojos de la cuarentena son una respuesta a nuestras predisposiciones culturales.

Durante este tiempo de cuarentena, la mayoría de nosotros ha incorporado el hecho de que nuestros antojos alimentarios están relacionados con la vivencia del momento y las características específicas por las que, en cierto momento, se nos antoja un alimento salado o uno dulce, por poner un ejemplo.

La neurofisiología y las ciencias del comportamiento detrás de los antojos son algunas de las áreas de la ciencia que nos ayudan a explicar los mecanismos de nuestros antojos, sobre todo en un tiempo de estrés e incertidumbre, como lo es la cuarentena. Sin embargo, un área frecuentemente ignorada en el estudio de los antojos es la socioantropología.

Estimulados, sin duda, por las circunstancias alrededor de las que vivimos, los antojos de la cuarentena son una respuesta a nuestras predisposiciones culturales desde que nacemos. Incluso, la forma en la que cada cultura se relaciona con los antojos habla mucho de la relación y del lugar que ocupan estas comidas en nuestros repertorios alimentarios. Por ejemplo, los japoneses usan la expresión kuchisabishii que literalmente quiere decir “boca solitaria” para referirse a los momentos en los que, sin tener hambre, deambulamos, por ejemplo, por la cocina para buscar algo de comer no con el propósito de saciar el hambre, sino un antojo, o con el propósito de tener una actividad que remplace la incertidumbre, el estrés o el ocio.

En español y en México, principalmente, tenemos diferentes maneras de referirnos a los antojos, con expresiones como “matar el gusano” o “tener un huequito (en el estómago)” hasta verbos regionales como “gusguear”. Estas expresiones hablan de que la forma en la que culturalmente nos relacionamos con los antojos no es desde la estigmatización o la culpa, sino más bien de manera lúdica y placentera.

Desde la expresión japonesa a las expresiones mexicanas, vemos que en otros idiomas la relación con los antojos pasa más por designaciones que tienen que ver con lo fisiológico. Por ejemplo, aunque en inglés americano cravings es la forma de referirse a ellos, generalmente, los antojos se relacionan más con periodos fisiológicos como los antojos por embarazo o premenstruales. En francés, la palabra antojo tiene una doble acepción, porque si bien envie sería la traducción literal, también se usa para designar cualquier tipo de “ganas” o “apetencia”. En estas ligeras, pero matizadas diferencias vemos algunos esbozos de la manera en la que nos relacionamos culturalmente con los antojos.

De la misma manera, un antojo no necesariamente es un snack, la diferencia es que el confinamiento los ha puesto más en relieve. Por ejemplo, salir a comer a un restaurante y elegir algo de la carta implica un proceso de elección que pasa por diferentes racionalidades: desde el precio, las preferencias alimentarias que tenemos, el seguimiento de un régimen en específico por salud, por convicción ética, por razones religiosas, etcétera. Pero es en el restaurante donde generalmente se le dan rienda suelta a los antojos, a esas comidas que no se hacen de manera periódica que generan esa satisfacción.

La relación con los antojos involucra, pues, a todo el aparato sociocultural con el que hemos crecido, con los alimentos a los que hemos estado expuestos y hasta la manera en la que esos antojos se designan al interior de la sociedad a la que pertenecemos.

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Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.