¿Te has escuchado en una conversación defendiendo tu punto de vista, hasta sentirte físicamente agotada? ¡Claro! el cerebro del ser humano, tiene una parte adicta a tener la razón, cuando está encendida no escuchamos, no empatizamos, no deseamos comprender, sólo deseamos: que los demás afirmen tienes razón .

Sin embargo, ¿qué tanto debilita tus relaciones, esta forma adicta de conversar? Créeme yo perdí un par de amigas muy queridas -las tres con bebés recién nacidos- que estaban cansadas de escucharme defender mis argumentos como si yo fuera la pediatra de sus hijos. Ahora comprendo, que el cafecito o el vinito con él o la amiga, la plática de pasillo en la oficina o la conversación en una junta de trabajo, son todos espacios donde hacemos que suceda la magia de conectarnos con los demás; donde las relaciones humanas se crean, se fortalecen y se anidan nuestros corazones. Los espacios, donde surgen las grandes ideas y soluciones y se transforman las realidades; donde inventamos viajes, imaginamos éxitos profesionales y reavivamos la esperanza en la cotidianeidad de la vida. Sin embargo, para que la magia suceda es imprescindible que dejes de aferrarte al caldero de la obsesión de emitir afirmaciones y juicios -aún cuando emitir juicios, es un acto natural de nuestra mente, defenderlos hasta la muerte no lo es-. Así, que libérate de esa obsesión y con la varita mágica de la atención mental, llena tu cabeza de preguntas poderosas.

¡Exacto preguntas poderosas!

Preguntas que cuestionen tus afirmaciones, tus ideas, tus paradigmas y creencias. Porque tú crees férreamente que estás bien, pero .. y ¿si estas equivocado? Y ¿si no tienes la información completa y suficiente para emitir un juicio? Preguntas que inviten a tu interlocutor a explorar las afirmaciones y paradigmas de ambos, que colapsen las imposibilidades y generen posibilidades. En efecto, tú hoy puedes estar viendo nada , pero puede haber todo , pues como decía Miguel Ángel respecto del majestuoso David, sólo hay que quitar lo que sobra .

¿Cómo? Fácil: cuando estés conversando con alguien, empieza por atención a tus pensamientos y tus palabras; luego con algo de humildad piensa bueno yo pienso esto, pero ¿qué piensa él o ella (sea tu pareja, tu amiga, tu profesor, tu mamá, tu hijo, etc )? Claro que hay conversaciones en las que se dan órdenes o se dirige al interlocutor y el grado de espacio para las ideas o intereses de la otra persona, no son realmente importantes; sin embargo, debo aclarar que se han realizado diversos estudios sociales, en los cuáles se ha comprobado que a mayor intervención de los involucrados en las decisiones u órdenes de autoridades jerárquicas, mayor es la disposición y eficacia al acatarlas. Tú sabrás qué tanto abres o cierras el espacio de posibilidades, con preguntas para ellos y reflexiones comunes, pero definitivamente te invito a que generes un espacio determinado, pues uno de los más grandes talentos humanos es comprender al prójimo: a los hijos, los esposos, los jefes, las madres, etc Comprenderlo desinteresadamente, para crear con él una realidad benéfica para los dos. Por ejemplo, cuestiónate: Yo tengo este interés, pero ¿cuál es el suyo?

Una pregunta básica: Yo entiendo esto de esta situación , ¿qué entiende él o ella de esta situación? Y a cada mi . idea, punto de vista o deseo que se te venga a la mente, sé equitativo y pregunta a tu interlocutor cuál es su idea, su punto de vista o su deseo. Con esta información, tendrás un mapa de intereses, deseos, preocupaciones, miedos, etc . Ese mapa te permitirá comprender la realidad tu interlocutor: observándola, cuestionándola, aceptándola e integrándola a tu mente tan prioritaria, como la tuya. Hay muchas tipos de preguntas: poderosas, débiles, abiertas, cerradas, hipotéticas o de sondeo; no importa qué tipo de pregunta hagas, pero siempre debe ser respetuosa, bien intencionada, honesta y desde tu corazón, así lograrás crear un sentimiento de confianza en tu interlocutor y un espacio seguro donde ambos exploren, colapsen, analicen y concreten todo lo que tienen en mente.

Por último, plantea preguntas que tengan que ver con un nosotros, p.e ¿qué estamos descubriendo de nosotros en esta conversación?, ¿qué haremos para armonizar nuestros intereses?, ¿en qué puedo colaborar contigo y tú conmigo para que los dos logremos concretar nuestros deseos o proyectos?, ¿a qué me puedo comprometer contigo para ser un apoyo y no un obstáculo para que realices esta idea? Localicen un punto de encuentro y sintonicen sus intenciones; esto les permitirá generar acuerdos -del latín accordare, aproximidad y cordis, corazón- acuerdos que generen beneficios mutuos y compromisos reales, posibles y alcanzables para ambos.

Aferrarte a querer tener la razón, te impone la carga de la prueba, lo que automáticamente enciende tu cerebro primitivo, te hace tener una actitud de defensa y autoprotección. y Llena de cortisol tu cuerpo, tensa tus músculos y te genera una sensación desconfianza y separación de tu interlocutor. Si no lo crees, obsérvate en una de esas conversaciones interminables y rétate a hacer un cambio mental: te resultará mucho más eficiente, escuchar, flexibilizar tus pensamientos, abrirte a nuevas posibilidades, sentirte físicamente relajado, tener una sensación de conexión y seguridad y lograr una armonía común con tu interlocutor. Te dejo una pregunta por si quieres reflexionar: ¿tú resistes o exploras lo que él o ella te dice? gracias por tu tiempo. Vanessa

vanessa@visiónprosperis.com.mx

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