Permitir la realización personal hace surgir lo mejor de cada individuo.

En México y el mundo, el 2015 inicia con una mezcla de expectativas positivas y negativas, son claroscuros que van desde el sector económico hasta el social, pasando, desde luego, por el político. Se es cada vez más consciente de la corrupción, la impunidad y la violencia, que generan una verdadera crisis de confianza en las instituciones. Por ello, debemos profundizar las razones que hacen que problemas tan graves estén fuertemente enraizados en una sociedad como la mexicana, cuando representan, a todas luces, un costo demoledor para la sociedad, un cinismo que impide trabajar de forma competitiva.

La confianza social consiste en la disposición generalizada de los individuos a confiar en sus conciudadanos y se basa en el grado de convencimiento de que nuestros conciudadanos serán éticos, justos y morales, lo cual equivale a ser previsibles. La desconfianza impera cuando no sabemos a qué nos enfrentamos, no sabemos cuál va a ser el comportamiento de las personas o cuáles van a ser los resultados de las acciones que emprendemos.

Sin la confianza social no podríamos tomar un taxi o hacer una operación bancaria. El problema es cuando en la sociedad hay altos índices de incumplimiento de la ley, cuando no se respetan los acuerdos, pactos o contratos, o cuando simplemente la eficacia depende del poder para imponer las propias decisiones.

Para las empresas y la sociedad, es muy importante reconocer que la confianza o capital social con el que contamos depende de que las personas gocen de una relativa igualdad, que las lleve a establecer relaciones de confianza y reciprocidad mutua. Por ello, las situaciones de poder exorbitante, de preponderancia de unas personas sobre otras, de camarillas, cerradas y opacas, generan siempre abusos, destrucción de valor y desconfianza.

Si en las organizaciones los colaboradores no tienen la seguridad de que serán escuchados, de que sus puntos de vista pueden ser tomados en cuenta; si frente a las organizaciones de servicios públicos o sociales las personas no cuentan con garantías de que no serán atropelladas; si no informamos a las personas de cuáles son sus derechos y obligaciones y los garantizamos, no podremos generar el capital social que hace posible la confianza.

Confianza y responsabilidad se implican mutuamente. Sin confianza nadie se arriesga a hacer mejor las cosas, a invertir sus esfuerzos o proponer nuevas ideas o formas de actuar. La productividad real es dinámica, se basa en la creación de un entorno de confianza, que al permitir la realización personal hace surgir lo mejor de cada persona y genera un auténtico aumento de valor en los productos y servicios de los que todos necesitamos y constituyen la base para el crecimiento y la generación de riqueza.

*Profesor del área de Entorno Político y Social y director del Centro de Estudios para la Gobernabilidad Institucional (CEGI) del IPADE Business School.

@ipade