Hace un par de días se publicó la cifra de junio sobre la confianza del consumidor en México, revelando una mejoría inesperada que podría traducirse en un mejor desempeño para el consumo y la demanda interna en la segunda mitad del año. El Índice de Confianza del Consumidor, que publican INEGI y Banco de México, se basa en una encuesta mensual aplicada a nivel nacional, la cual recopila opiniones sobre la situación económica actual y la esperada para el hogar de los encuestados y la percepción sobre la situación económica presente y futura del país en general.

Asimismo, la encuesta incorpora un elemento que busca medir la propensión presente a incrementar o disminuir el consumo de bienes duraderos. La encuesta de junio mostró un repunte interesante en todos sus componentes y el índice alcanzó su nivel más alto desde mediados del 2008, antes de que se desatara la crisis financiera global. Aunque las condiciones todavía distan de alcanzar los máximos del 2006-07, la tendencia de recuperación es clara en lo que va del 2010 y sobre todo en el último trimestre.

Es curioso que mientras las perspectivas económicas a nivel global se han deteriorado un poco durante el último trimestre, la confianza de los consumidores mexicanos haya mostrado su repunte más marcado. La razón para esta dicotomía se ubica principalmente en los números de creación de empleo formal en la economía mexicana, aunados a un impacto inflacionario menor al esperado de los aumentos de precios administrados a principios de año.

Aunque la recuperación económica y la creación de empleos en México han sido principalmente impulsadas por el sector externo, podríamos comenzar a ver el principio de un círculo virtuoso donde la demanda interna empiece a recuperarse, impulsada por el consumo doméstico que a su vez refleja la recuperación en el empleo formal.

Lo que está ocurriendo es simplemente lo contrario a lo que ocurrió en el 2008-09. En la segunda mitad del 2008, el sector externo empezó a desacelerarse drásticamente debido a la fuerte recesión en sectores clave para la industria manufacturera de exportación en México. No debemos olvidar que el sector automotriz de EU estuvo prácticamente en coma durante buena parte del 2008 y todo el 2009.

Lo mismo ocurrió con el consumo de bienes duraderos en EU, ante la falta de crédito para el consumo y el creciente desempleo en ese país. La drástica desaceleración de la industria manufacturera en México tuvo un impacto devastador en los niveles de empleo formal en nuestro país, dónde se perdieron más de medio millón de puestos.

Este fuerte golpe al empleo formal, en conjunto con un aumento en las expectativas de inflación y una marcada reducción en la entrada de remesas provenientes de EU (recordemos que muchos mexicanos en EU trabajaban en la industria de la construcción que también fue devastada por la crisis), afectaron de manera muy importante la confianza del consumidor y la demanda interna en nuestro país.

Las encuestas más recientes entre los economistas del sector privado en México reflejan una revisión positiva de las estimaciones de crecimiento del PIB en nuestro país para el 2010. En la encuesta de junio, publicada la semana pasada, la expectativa fue revisada a 4.4% en comparación con 4.3% en mayo y 4.1% en marzo.

Como hemos expresado en este espacio, aunque las estimaciones promedio se han revisado constantemente hacia arriba, consideramos que todavía son demasiado pesimistas, ya que en opinión de este columnista la economía mexicana podría crecer entre 5.0 y 5.5% para el 2010.

Sin embargo, la historia para el 2011 podría marcar una desaceleración importante. Así como la crisis que vino de fuera provocó la fuerte recesión de la segunda mitad del 2008 y el 2009, la recuperación que también viene de fuera está jugando un papel central en el desempeño económico de este año.

Para el 2011, es muy posible que la demanda externa muestre una desaceleración conforme a la economía de EU y el resto del mundo desarrollado comiencen a retirar algunos de los estímulos económicos vigentes.

Aunque la demanda doméstica estará en mejores condiciones en la segunda mitad del 2010 y el 2011, esto no será suficiente para contrarrestar la desaceleración global. Es una lástima que nuestros gobernantes se regocijen con los números más recientes que avalan una robusta recuperación económica para nuestro país, y se olviden de los cambios estructurales necesarios para alcanzar un crecimiento sostenible y no sólo uno coyuntural más alto.