Comunicar un alza de precios de cualquier servicio o producto, para el caso: las gasolinas y el diesel, no es fácil en ningún país. La medida siempre se va a enfrentar al rechazo ciudadano. Al gobierno lo único que le queda es tratar de aminorar el impacto negativo a través de una buena estrategia de comunicación.

El gobierno del presidente Peña Nieto, desde un inicio de la Reforma Energética, equivocó la estrategia de comunicación. Él y los integrantes de su gobierno, que hablaron sobre el tema, centraron el mensaje, tanto el publicitario como el de los discursos, en que el efecto inmediato de la reforma iba a ser que bajaran los precios de las gasolinas y el diesel.

La afirmación era falsa y lo evidente, había mucha información que así lo señalaba, era que en el corto y mediano plazo el costo de las gasolinas y el diesel iba a subir en razón de liberarse los precios y éstos ajustarse a los vaivenes del mercado internacional. Después de un tiempo este mensaje desapareció de la publicidad y de los discursos.

En razón de la estrategia anterior y del mensaje rector, cualquier aumento en las gasolinas y el diesel iba a ser muy mal recibido por la sociedad. Ésta, con razón, se iba a sentir engañada. Y el presidente y su gobierno pasar como mentirosos. Es evidente que eso pasó con el gasolinazo.

Al inicio del 2017, el gobierno estaba obligado a subir los precios de las gasolinas y el diesel y terminar para siempre con una política de subsidio a favor de los sectores de mayores ingresos que son los que más consumen. Había razones sólidas de política económica, pero también de justicia social para justificar la medida.

El gobierno sabía de la reacción negativa de la sociedad. No se podría esperar otra cosa. En este escenario lo que debió haber hecho era preparar el anuncio a través de una campaña, de debate y discusión en los medios, por un lado, y de acompañamiento didáctico a la población que explicara el porqué de la medida: no más subsidio. No más fondos públicos usados a favor de unos pocos.

Había buenos argumentos a utilizar para justificar la medida, pero el gobierno decidió, sin más, darla a conocer. Da la impresión de que pensó que la reacción iba a ser menor y en todo caso manejable. No fue así. El hecho de no haber ninguna medida de preparación del círculo rojo y menos del verde explica la reacción que ya todos conocemos.

En esta ocasión, como lo ha hecho en más de una ocasión, ya es la norma, el gobierno reaccionó a destiempo, y de cara al descontento popular que se expresó en las redes, en los medios y en la calle. El presidente intervino dos veces, en la televisión y en el radio, para explicar la medida después de esos sucesos. Y también estableció un acuerdo con el sector privado, para mitigar el impacto de alza de los precios de las gasolinas en el alza de otros productos. Ya es tarde. El daño está hecho.

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