A riesgo de decir lo obvio, el mundo se ha hecho cada vez más complejo, pero no somos realmente conscientes o nos negamos a siquiera quererlo ser. Ha quedado la complejidad a cargo de voceros, publicistas e intelectuales que publican en revistas y para públicos que comparten preocupaciones e intereses, por segmento de interés, por como los algoritmos deciden en las redes sociales a quienes mandarles qué. A la gente común, la complejidad le atemoriza, le parece inasequible, le estorba en su vida diaria.

Mientras más nos acercamos al desarrollo posible, siendo la 13 o 14 economía del mundo, a los mexicanos comunes y corrientes les hacen falta imágenes y decisiones. Es demasiado pedirle al mexicano común que además de atender su vida diaria, con sus pequeñas tragedias y triunfos, que entienda la complejidad del T-MEC o las delicadezas de las estrategias de competencia o de la política energética. Debería hacerlo, porque afecta su vida cotidiana —aunque no lo tenga claro— pero es para muchos un esfuerzo imposible. En el fondo, parece ser que la sociedad en masa, necesita señales claras, respuestas simples y definiciones concretas. Lo demás es de especialistas.

Con verdadero asombro, he estado leyendo el libro de Anne Applebaum, El Ocaso de la Democracia. Premio Pulitzer y, además, vinculada con la política de Polonia.

Dice: “dadas las condiciones adecuadas, cualquier sociedad puede dar la espalda a la democracia. De hecho, si nos hemos de guiar por la historia, a la larga todas nuestras sociedades lo harán (y no es extraño). El autoritarismo es algo que atrae simplemente a las personas que no toleran la complejidad: no hay nada intrínseco «de izquierdas» o «de derechas» en ese instinto. Es meramente anti pluralista; recela de las personas con ideas distintas, y es alérgico a los debates acalorados. Resulta irrelevante que quienes lo tienen deriven en última instancia su postura política del marxismo o del nacionalismo. Es una actitud mental, no un conjunto de ideas”.

No extraña por tanto que la reiterpretación de la historia, a la manera de la 4T sea simplista y de buenos y malos. Quitemos a Colón el origen de nuestras desgracias y pongamos a una mujer indígena, ¿para qué discutir?: el simplismo puro y autoritario. Nada más, pero nada menos tampoco.

Miguel González Compeán

Abogado, politólogo y economista

Columna invitada

Ensayista e interesado en temas legales y de justicia. actualmente profesor de la facultad de derecho de la UNAM.

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