La Ciudad de México vive un deterioro en prácticamente cualquier indicador que mida los temas que importan a los capitalinos: la calidad del aire, los homicidios, el estrés por el agua, la movilidad. La reconstrucción posterior al sismo fue simplemente un fracaso, de los 7,200 mdp del fondo de reconstrucción se han gastado 60 mdp. Las malas decisiones, la falta de continuidad de políticas exitosas, la ausencia de proyectos innovadores, la gira permanente de Mancera por el país para promocionarse y la falta de apoyo federal a la capital explican ese deterioro. La ciudad requiere de una gobernante que la entienda, que tenga una formación sólida en los temas urbanos, que haya tenido experiencia de gobierno y una visión moderna de lo que debe ser el futuro de la capital. Urge terminar con la improvisación y la frivolidad como marca de la política pública de la CDMX.

Lo que sucede en la capital afecta a los millones de personas que ahí vivimos, pero también al país entero. Lejos de ser una carga para el país, la Ciudad de México es en realidad un motor económico y factor de competitividad nacional. La competencia global es, en buena medida, entre ciudades. En la capital se desarrollan la mayoría de los servicios financieros, corporativos y educativos del país, y tiene un enorme potencial para detonar industrias de alta tecnología, creativas, de logística y turismo de negocios. Actualmente, la ciudad tiene dificultades para desarrollar todas esas vocaciones, porque la inseguridad de nuevo es un problema, porque nadie tiene un plan hídrico, porque regresaron los días de mala calidad del aire, porque la movilidad es cada vez más lenta.

Durante dos periodos, los de López Obrador y Marcelo Ebrard, la ciudad gozó de gobernabilidad y se pudieron poner en marcha políticas que redujeron la desigualdad, mejoraron la seguridad y la infraestructura capitalina y ampliaron las libertades de los ciudadanos. De hecho, son esas plataformas en las que se basa la propuesta de gobierno de la izquierda, la que está a punto de asumir la Presidencia de la nación. La candidatura de Claudia Sheinbaum representa la posibilidad de retomar las políticas que hicieron de ésta una ciudad mejor, capaz de superar sus enormes retos, y servir de valuarte al país para desarrollarse. La oportunidad es inmejorable con finanzas públicas sanas y un nuevo marco constitucional que obliga a reformar a todo el gobierno capitalino.

Sheinbaum, una experta en temas ambientales, que habla con solvencia de política pública, algo inusual en los políticos mexicanos, ha logrado conformar un sólido equipo en todo tipo de temas, cultura, movilidad, transparencia, residuos. Destacan dos temas en donde la exigencia será particular para el nuevo gobierno. Uno es el del agua y la urgencia de invertir con inteligencia para reducir fugas y consumo, ofrecer un mejor servicio y generar nuevas fuentes de abastecimiento. El otro es la construcción de una nueva fiscalía, que no sólo sea independiente, pero sobre todo eficaz para investigar el delito y garantizar los derechos humanos de las personas. En ambos casos, los mayores expertos del país se encargan de la tarea de diseño, y después un nuevo gobierno, capaz y con legitimidad, podrá implementar las soluciones.

Vidal Llerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.