Imagina una bacteria. Todo lo que necesita para reproducirse y alimentarse está contenido dentro de una sola célula. Pero no tú ¡qué va! No cuando tienes billones de células trabajando de manera hiperespecializada para dar forma a la maravilla de la naturaleza que eres, y mantenerla dentro de ese equilibrio de materia y energía, la homeostasis, para que sigas vivo.

El primer paso es contar con células con características similares organizadas en tejidos, y tenemos 4: conectivo, epitelial, muscular y nervioso. Cada uno cumple una labor crucial en el funcionamiento del cuerpo humano, desde darte esa forma que tanto conoces y amas, la tuya propia, hasta evitar que tu estómago te digiera desde dentro, producir las hormonas que controlan la mitad de tu vida, y transmitir los impulsos nerviosos que controlan la otra mitad. Estos son los tejidos con que estamos hechos. 

El tejido conectivo nos da forma y estructura y soporte, además de defensa contra agentes externos y nuestro sistema de transporte, el sistema circulatorio, la sangre. Es también el más grande y diverso de los cuatro, pues compone desde tu esqueleto y tu sangre, hasta tu piel y cartílago. El tejido conectivo no sólo conecta nuestros músculos al esqueleto o los órganos a su posición normal, también conecta todos nuestros órganos a través de la sangre y almacena la energía en el tejido adiposo, tanto si queremos como si no. Semejante diversidad radica en su origen durante nuestra etapa fetal, el mesénquima, un tipo de célula fetal abundante y móvil. También comparte una característica que es ajena a los otros 3, y es que todos contienen una matriz de material no vivo, la matriz extracelular, producida para dar soporte o fluidez adicionales, además de recubrir las células conectivas, y está compuesto por fibras elásticas y proteínas, como el colágeno y la elastina que te dan esa bonita sonrisa, y que conforman la mayor parte del cartílago de tus manos.

Por si fuera poco, una célula que nos protege de casi cualquier cosa es también una célula conectiva, los enormes y siempre hambrientos macrofagos, unas células enormes que digieren desde bacterias materiales externas y tus propias células muertas. Tal es la complejidad de este tejido. 

El epitelial recubre el interior y exterior de nuestros órganos, les da forma y se une al conectivo para mantener todo en su lugar. Podemos decir que todo el contacto que tiene nuestro cuerpo con el resto del mundo se realiza a través del tejido epitelial. No sólo se une al tejido conectivo y lo recubre en la piel, nuestros órganos y cualquier parte donde hagan contacto con lo que ingerimos y excretamos, sino que convierte los órganos en unidades compartimentadas. Conforma las glándulas que producen el sudor o el sebo que se producen al exterior, igual que el recubrimiento de nuestro estómago para protegerlo del ácido que éste usa para digerir tu desayuno, los lagrimales o la mucosa nasal que se irrita en otoño o invierno y que todos conocemos.

Pero yo creo que dónde brilla y tiene la mayor diferenciación es en la formación de las principales glándulas del cuerpo, esas fábricas de químicos que facilitan cientos de procesos en el cuerpo humano, desde la tiroides responsable de nuestro metabolismo hasta los testículos u ovarios que determinan nuestra madurez sexual.

El sistema endocrino que conforman las glándulas es una de las grandes maravillas del cuerpo humano, produciendo cientos y cientos en hormonas y enzimas que regulan, frenan o catalizan miles de reacciones e interacciones entre nuestros órganos y la materia que consumimos para nuestra vida diaria. Todo esto con la infaltable colaboración de otra parte del tejido conectivo, una de las maravillas de la naturaleza, el sistema circulatorio que conecta hasta los rincones más remotos de nuestro cuerpo con nuestros órganos principales. 

El tejido muscular y el nervioso son de los menos variados e interesantes a un nivel tan bajo de organización como son los tejidos. Sin embargo, los aparatos que los músculos y las neuronas forman son unos de los más complejos, intrincados e influyentes de nuestro cuerpo, especialmente los sistemas nerviosos. Así, en plural.

Si bien el sistema nervioso, esa vastísima red de neuronas y células gliales que va desde la punta de tus dedos hasta el cerebro, es considerado por muchos como uno sólo, en realidad está formado por el sistema nervioso central, el periférico, el sistema nervioso autónomo, el simpático y el parasimpático, todos entrelazados para formar el equivalente biológico de nuestro centro de control y vigilancia.

La próxima semana abundaremos sobre los principales sistemas de nuestro cuerpo, el siguiente nivel de organización en nuestro cuerpo, así como sobre las intrincadas relaciones y sistemas de comunicación entre ellos, y cómo colaboran entre sí para conformar estos animales sorprendentes, curiosos y maravillosos que somos los seres humanos.

solounpalido.azul@gmail.com

Ramón Martínez Leyva

Ingeniero

Un pálido punto azul

Es ingeniero en Sistemas Computacionales. Sus áreas de conocimiento son tecnologías, ciencia y medio ambiente.

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