Si la democracia fallece en el Parlamento británico el terremoto político será global.

Para pervertir a una democracia liberal llevándola a un estadio iliberal, basta con echar mano de una retórica nacionalista.

David Cameron hizo una corrida tipo Valor Presente Neto (pero en el ámbito político) para estimar la rentabilidad que le aportaría a él, y sólo a él, un referéndum del Brexit. Se equivocó, y el resultado le costó su carrera política.

Theresa May eligió el camino más ambiguo para gestionar el Brexit al no dimensionar la polarización social. El Parlamento rechazó su acuerdo con Bruselas en tres ocasiones y ella pagó las consecuencias poniendo su puesto a consideración de los legisladores.

Lo que mal inicia termina peor. Boris Johnson se subió a la oleada de odio contra la Unión Europea creada desde la ficción y las fake news por Nigel Farage, el auténtico creador del desastre. Una mentira escrita en redes sociales puede crear una secta conformada por millones de fanáticos. Farage lo hizo y Boris rentabilizó, desde el gobierno de May, el desastre que provoca el odio hacia Europa.

Boris utiliza como herramienta a la reina Isabel para colocar candados a la Cámara de los Comunes durante un mes. Boris no está infringiendo ninguna ley. El receso otoñal en la Cámara de los Comunes (Parlamento) es de tres semanas, ahora será de cinco. Los Comunes asistirán al Palacio de Westminster hasta el 10 de septiembre y tendrán un puente que los llevará hasta el 14 de octubre, dos semanas antes de que Reino Unido abandone a la Unión Europea. El tiempo para debatir la salida será mínimo.

Es cierto, Boris no viola ninguna norma pero actúa bajo la orden de sus instintos iliberales, y en contra del debate parlamentario.

A Boris le transfiere legitimidad el puesto de primer ministro, pero no su recorrido electoral: la sociedad británica no lo votó.

Los opositores a Boris tendrán como límite temporal el 10 de septiembre para descarrilarlo a través de una moción de confianza. De lograrlo, habrá elecciones parlamentarias en octubre, motivo suficiente para postergar el calendario del Brexit.

La ventaja para el Partido Conservador es la extrema debilidad en la que se encuentra el laborismo. Jeremy Corbyn ha contribuido, contra su voluntad, al desastre. Su postura frente al Brexit ha sido más ambigua que la de May, y su antisemitismo lo ha colocado en el territorio de la ridiculez.

Para Boris, los enemigos están en casa. Prueba de ello es la insuficiente mayoría que tienen los conservadores en la Cámara de los Comunes. Las matemáticas no le ayudan.

La moción en contra de Boris no necesariamente perjudicaría su futuro. Al contrario, Boris desea unas elecciones anticipadas aprovechando la debilidad de los laboristas.

Boris diría que, a diferencia de May, cumpliría su promesa del Brexit con o sin acuerdo.

Al igual que Cameron, Boris hace cálculos para obtener la mayor rentabilidad política, es decir, en ganar legitimidad a través de las elecciones.

El populismo hunde a la Unión Europea pero también a Reino Unido. Y claro, al mundo.

Fausto Pretelin

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.