El pasado 13 de febrero, el senador de Morena, Napoleón Gómez Urrutia, que vivió 12 años en Canadá huyendo de la justicia acusado de un gigantesco fraude a los trabajadores de la industria minera, dio a conocer la creación de la Confederación Internacional de Trabajadores (CIT).

Su regreso a México, con el apoyo incondicional del ahora presidente quien lo hizo senador, tiene como objetivo fundamental crear la central obrera de Morena como antes la tuvo el PRI, partido en el que militó Gómez Urrutia.

Es parte del proyecto de López Obrador en su esfuerzo de restauración del viejo régimen priista, pero ahora bajo su control. La nueva central se crea con 10 federaciones y 150 sindicatos. En el mismo evento que se dio a conocer la creación de la CIT, Gómez Urrutia se autonombró su dirigente.

El líder sindical, que nunca ha sido trabajador y que en las épocas de gloria del PRI corporativista heredó de su padre la dirigencia del sindicato minero, descalifica a quienes critican el nacimiento de la nueva central morenista diciendo que sus comentarios “son producto de la ignorancia, de la mala fe, de los intereses creados y parece que preferirían que siguiera el charrismo sindical”.

Gómez Urrutia, un paradigma del viejo charrismo sindical, crea ahora una central charra al servicio de los intereses políticos de Morena y de López Obrador. Para eso fue traído a México. Su discurso es muy semejante al del presidente y el responsable de todos los males del movimiento sindical no son líderes corruptos como él, sino culpa del neoliberalismo.

A pesar de todas las evidencias, el autonombrado líder de la CIT asegura, es el discurso predecible y políticamente correcto, que “no somos una agencia del gobierno ni de Morena, somos coincidentes con este gran proyecto de transformación”.

Para Gómez Urrutia, la nueva central morenista va a ayudar a “la transformación de México hacia la democracia, la libertad y la defensa de los derechos humanos”. Y también la CIT va a defender el voto libre y secreto en los sindicatos, para elegir a sus líderes, cosa que no ocurrió en su nombramiento, y el derecho a escoger a la organización que quieran.

Es cierto y urge que los trabajadores del país tengan sindicatos democráticos poderosos que defiendan sus verdaderos intereses más allá del proyecto político del gobierno en turno, de sindicatos que no sean utilizados como instrumentos de presión e incluso de chantaje de los partidos y los gobernantes.

La CIT en la crisis del viejo sistema corporativista del movimiento obrero que estuvo por décadas bajo el control del PRI, ahora se renueva y fortalece en manos de Morena. Es más de lo mismo, pero ahora con la legitimidad que goza el presidente, su gobierno y partido. Gómez Urrutia es una pieza del nuevo engranaje.

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RubénAguilar

Asesor Político

Convicciones

Licenciado en filosofía, maestro en sociología y doctor en ciencias sociales por la Universidad Iberoamericana (Campus Santa Fe, México). Tiene estudios de comunicación en el ITESO (Guadalajara, Jalisco) y de desarrollo institucional en el INODEP (París, Francia). De 1966 a 1979 estuvo en la Compañía de Jesús.